Seis cadáveres de personas cuyos familiares sospechan que murieron por consumir jarabes envenenados fueron exhumados ayer.
"La investigación amerita que se hagan estas diligencias. Son difíciles para los familiares, es como un segundo sepelio, pero necesarias en la investigación'', declaró el fiscal Dimas Guevara.
Los médicos forenses intentan recolectar muestras de tejidos internos de los cuerpos para someterlos a pruebas de laboratorio y determinar si contienen dietileneglycol, la sustancia química con que fue contaminado un lote de jarabe para la tos.
En Natá se realizó la exhumación del cadáver de Isidro Barragán, de 82 años, quien falleció el 15 de agosto del 2006.
Otra diligencia se llevó a cabo en el cementerio de Los Pollos en Río Hato, al cadáver de Ricaurter Vásquez, de 60 años.
Mientras en el cementerio de Changuinola, el forense practicó la exhumación del cadáver de Florencia Grant, de 62 años.