A veces me pregunto si ser pobre es un delito. Me encontraba yo con mi hijo en el Centro Comercial Los Andes, específicamente en el área de juegos mecánicos, cuando un guardia llamado "de seguridad", supongo que privada, procedió a decirle a mi hijo y a otro niño que se bajaran de los aparatos donde estaban montados.
El modo como se dirigió a mi hijo y al otro niño no lo consideré correcto para dirigirse a un niño que no supera los ocho años, sobre todo por los ademanes de desprecio. Pregunté esperando una respuesta sensata. Me contestó que "los bajaba porque el peso de los niños podía dañar los aparatos, porque eran niños de más de cuatro años". Irónicamente, antes de ese incidente observé como un niño, que confieso me pareció muy grande para montar estos aparatos, depositó su moneda y disfrutó sin ningún percance.
Si bien es cierto que mi hijo tiene más de cuatro años, es un niño muy delgado.
Obviamente la explicación que me dio el "señor guardia" no me dejó satisfecha, pues hice una relación lógica entre el peso de mi hijo y la estructura resistente, que yo considero, tienen estos aparatos. Entonces, le sugerí que debían poner un anuncio que informara a los clientes que los niños mayores de cuatro años no deben subir a estos aparatos mecánicos porque como él dijo "los pueden dañar"; añadí, que debían poner el anuncio también por la seguridad de los niños para evitar un accidente de consideración. El "señor guardia" pareció molesto y se retiró susurrando no sé qué sobre lo que le había dicho. Luego, reposada del estrés de mi trabajo, me preguntaba que si mi hijo y los otros niños hubieran depositado la moneda correspondiente; sus pesos (obviamente en distintos aparatos) ¿También hubieran atentado contra la estructura? Seguí hilando mi pensamiento y ya no era por mi hijo sino por muchos niños que en muchas ocasiones he visto que solo se suben al aparato y no depositan la moneda porque papá y mamá no tienen. Realmente ¿Cuál era el problema?, de peso, edad o dinero.