La idea de la Roma era ganar su compromiso ante Empoli, fácil sobre el papel, y luego sentarse cómodamente en un sillón para ver como Inter soportaba la presión, el trascendental clásico ante Juventus.
Misión cumplida, entonces, pero con mucho, muchísimo más esfuerzo de lo previsto, porque por un lado la Roma jugó casi con displicencia en la primera parte y por el otro Empoli, de la mano de un enorme Sebastián Giovinco, por lejos la figura de la cancha, no fue para nada un rival fácil y luchó hasta el final.
El marcador de 2 a 1, producto de los goles de Max Tonetto, Giovinco y Christian Panucci.