El Real Madrid festejó el título a lo grande, con una goleada por 4-1 sobre el peor Barcelona en años, un conjunto decadente que se mostró contemplativo ante el juego de un campeón en racha que regaló a su afición la última gran alegría de la temporada.
El madridismo disfrutó de su gran día de inicio a fin. Saboreó cada segundo de una noche soñada en "el estadio del líder, el estadio del campeón", como gritaba el speaker por megafonía. Desde el pasillo del morbo o los recuerdos a Samuel Eto'o hasta el baño de fútbol, con un Real Madrid que se sintió campeón ante un rival que llega al final de un ciclo.
La fiesta blanca fue abierta por Raúl, le siguieron los tantos de Robben, Higuaín y Van Nistelrooy, de tiro penal.
Con la grada pidiendo la "manita", el Real Madrid se gustó, pero fue el Barcelona el que marcó, por medio de Thierry Henry, un tanto inútil que no apagó la fiesta blanca ni rebajó la desazón azulgrana, que a última hora se quedó sin Xavi, expulsado, y en agosto tendrá que superar una fase previa europea.