No es la crisis económica ni la crisis financiera. Debido al alto precio de los alimentos básicos y a la escasez de reservas en los países más pobres, la mayor crisis a la que se enfrenta la humanidad es el hambre. El grano de arroz y el de cereal cuesta el doble que el año pasado, según el Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y el desarrollo (FAO). Dicho órgano alerta de que hay 37 países que enfrentan crisis alimenticia.
El precio del arroz, alimento fundamental de 3.000 millones de personas, ha aumentado más de un 50% en las últimas semanas.
La situación se ve agravada por el pánico que produce en los mercados internacionales un encarecimiento tan rápido de bienes esenciales. Los países importadores de cereales tratan de comprar mucho por miedo a que los precios sigan subiendo y a que se acaben sus reservas. Los países productores limitan sus ventas por el temor a dejar a sus habitantes sin víveres.
El problema no está en que la producción haya disminuido, sino en las enormes dificultades en los países más pobres para pagar los alimentos.
En América Latina y el Caribe se producen suficientes alimentos para satisfacer las necesidades de los 550 millones de personas que viven en la región. Sin embargo, el hambre y la desnutrición afectan al 10% de la población.
El mes pasado se registraron varias revueltas en Egipto, Camerún, Costa de Marfil, Senegal, Burkina Faso, Etiopía, Indonesia, Madagascar, Filipinas y Haití. En Pakistán y Tailandia se han desplegado militares para evitar que se asalten los cultivos.
La FAO y diversas ONG piden a todos los donantes y a las instituciones financieras internacionales que incrementen sus ayudas, que pongan la seguridad alimentaria en la base de las políticas de desarrollo, que ayuden a reconstruir las reservas de cereales, que aumenten la inversión en nuevas tecnologías para la agricultura y que luchen de forma más activa contra la desnutrición infantil.
Si, como asegura la FAO, hay alimento suficiente para erradicar el hambre en un plazo razonable, los dirigentes de países ricos deben actuar para paliar los efectos de esta crisis que se avecina y que pone en peligro la vida de más de 900 millones de personas que padecen hambre.