Dos acontecimientos sucedieron el domingo 27 de abril, que me indicaron que Panamá es un país de tremendos contrastes.
Estaba en un lujoso "mall" y una gerente de un negocio me comentó que estaba lleno el lugar y había mucho negocio.
Al principio me extrañé porque no era fin de quincena. Luego recordé lo que me dijeron hace años: "la gente que compra en lugares finos y caros no se guía por el cheque quincenal, porque tiene mucho dinero".
La gerente me informó que un negocio del "mall" había facturado "doscientos mil balboas en un mes.
Añadió que allí venden carteras que cuestan tres mil balboas. Pensé que se trataría de carteras exclusivas de piel de cocodrilo, culebra... o ¡lámina de oro!
Me puse a pensar cómo serían esas carteras que cuestan el pago inicial de un automóvil, pero mi mente fracasó.
Bueno, pensé, "a quien Dios se lo da, San Pedro se la bendiga", como decía mi tía Elida hace medio siglo en Parque Lefevre.
Más tarde me enteré por la televisión que decenas de moradores de El Chorrillo horas antes habían tenido una trifulca... porque querían conseguir comida regalada o vendida a bajo precio por un político.
Hasta la Policía tuvo que intervenir ante la enardecida muchedumbre de hambrientos, en otra muestra que ya la "explosión social" está ocurriendo en Panamá.
Esa noche y días siguientes medité sobre estos dos hechos totalmente distintos. Incluso fue motivo de varias de mis clases de Periodismo y Sociología.
Busqué en mi memoria datos estadísticos que indicaban la mala distribución de la riqueza que hay en Panamá.
La Contraloría General informó hace menos de dos años, que en este país lleno de millones por el Canal, Zona Libre y Turismo, el sesenta por ciento de los que trabajan ganan sueldos de cien a trescientos noventa y nueve balboas al mes.
Con lo cara que está la canasta básica se comprende los "malabares" que harán muchos compatriotas para comer de manera aceptable.
El treinta por ciento de los trabajadores en ese año, ganaban sueldos de doscientos cincuenta a trescientos noventa y nueve balboas al mes.
Otras cifras dan horror de las desigualdades sociales panameñas. El Ministerio de Economía y Finanzas, el año pasado, hizo un estudio que señala que el catorce por ciento de los panameños viven... ¡con menos de un balboa al día! En números, son más de cuatrocientos mil pobres.
¡Esos de "a vaina" pueden tener carteras de tela!