El Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) ha solicitado a las instituciones financieras internacionales que ayuden a los países en vías de desarrollo a afrontar la crisis alimentaria mundial impulsando políticas diametralmente opuestas a las que han venido condicionando sus ayudas financieras durante las últimas dos décadas.
Las entidades internacionales de crédito nos dijeron a los países de América Latina que abriéramos nuestros mercados, eliminásemos los subsidios a nuestros agricultores y que importáramos alimentos de fuera, ya que resultarían más baratos para el consumidor.
Varios países adoptaron la receta al pie de la letra. Otros parcialmente, y muy pocos se resistieron, o están revirtiendo esas políticas.
Lo que nunca incluyó esa receta de las IFIs, fue como enfrentar la actual situación en la que está la producción de cereales, cuyos precios han aumentado 50% en el último año.
El aumento en la demanda de comida de China e India, el aumento en el precio de petróleo, y el impulso del gobierno de Estados Unidos al uso de maíz para fabricar combustibles "verdes" (usando el 30% del maíz que antes se empleaba para alimentos), entre otros factores, tienen a 37 países al borde de una hambruna generalizada, y han causado disturbios en 12 de esas naciones.
Para Panamá, que aún no está sufriendo tan gravemente esta crisis, lo importante es hacer valer esta lección lo más rápido posible. La seguridad alimentaria de un país va de la mano de su soberanía alimentaria. Como países en vías de desarrollo, ya no podemos acatar a pie puntillas las recetas económicas elaboradas por economistas y tecnócratas que poco o nada saben de las sensibilidades y necesidades individuales de los pueblos.