Cuando José Cuestas Girón se acostó la noche del sábado, sus planes eran levantarse ayer, domingo, para continuar con su vida, pero fue la última vez que calentó la cama.
Ese panameño de 41 años de edad, fue asesinado de un disparo que le propinó un desconocido para las autoridades, quien aprovechó la oscuridad de la noche para meter a través de una ventana el arma con la que acabó con la vida de Cuestas.
La muerte le llegó a José en su propia casa. Versiones de vecinos en Don Bosco, Veranillo, donde se dio el asesinato, revelan que ese caso pudo haberse dado por venganza; otros se inclinan a pensar que simplemente confundieron a la víctima.
Al parecer, Cuestas llegó a su humilde vivienda en la noche, después de haberse tomado unos tragos. Estaba acostado cuando el disparo acabó con su vida. Correspondió a una de sus nietas descubrir el cadáver en la mañana de ayer, domingo, cuando llegaba a su casa. Ella entró y vio el charco de sangre en los alrededores del cuarto, donde permanecía inmóvil el cuerpo de la víctima.
¿Su asesino? Sin rastros.
TRAGEDIAS
Las tragedias parecen ensañarse con la gente pobre, donde el pan de cada día es duro de conseguir y donde las comodidades grandes son tener el aire gratis, para respirar. Donde vivía Cuestas, era una casa muy humilde. Se conoció que había contemplado mudarse del área y prácticamente tenía la casa vendida. Él vivía allí con una hija y su nieta.