Si bien es cierto que algunas familias pobres necesitan ayuda social para mejorar sus condiciones de vida, hay algunas que han hecho de esta situación una forma de vida y no hacen un esfuerzo para salir adelante.
El incidente del viernes en Casa Miller, Juan Díaz, pone al descubierto la falta de ética social de algunas personas, pese a que recibieron soluciones de viviendas, no ponen de su parte para vivir con honradez.
Lo que sucedió en este proyectol es un reflejo de una realidad latente, donde salió a relucir la falta de conciencia de personas que han perdido todos los valores morales.
Es oportuno recordar que no sólo de pan vive el hombre, sino también de todas aquellas cosas que alimentan al espíritu. !Hay que poner freno a los demonios!
Violencia doméstica, escándalos, música estridente, venta de sustancias alucinógenas y otras actitudes antisociales colmaron la paciencia de los vecinos honrados.
El Ministerio de Vivienda han puesto los puntos sobre las ies, porque han advertido que no tolerarán más conductas impropias en sus proyectos.
En el futuro, todos los residentes que no guarden las composturas adecuadas de convivencia social, serán desalojados.
La lección de Casa Miller, aunque un poco dura, es un mensaje para empezar a educar a nuestros conciudadanos de que aquí no vivimos en una jungla y todos debemos respetar las normas de urbanidad y del buen vivir.
En este contexto, también debemos aprender, a manejar valores como el respeto, la tolerancia, la convivencia y las buenas costumbres, principios supremos que ayudarán a mejorar nuestra calidad de vida.