El mundo entero estuvo ayer pendiente de la reunión de los principales países productores de crudo y de 25 empresas petroleras en Yeda, Arabia Saudita, convocada para tratar de contener los precios del petróleo, y si bien se coincidió en identificar a un responsable de la situación, ningún participante se comprometió a tomar medidas concretas para ponerle un freno.
Tanta expectativa para nada. Ya desde hace semanas estos países y empresas habían reconocido que era la especulación y no un súbito aumento en la demanda mundial, lo que había escalado los precios 40% en el último año.
Todo se limitó a un comunicado leído por el ministro de Petróleo saudí, Ali Al Naimi, que pide "transparencia en los mercados financieros", y subraya que la escalada del precio "perjudica tanto a los productores como a los consumidores". Ni siquiera se tomó la decisión de aumentar la producción, como medida paliativa.
Esto solo significa una cosa. Los grandes actores del mercado petrolero no están dispuestos a sacrificar un solo centavo de sus grandes ganancias. y cada país consumidor tendrá que arreglárselas solo o en bloque para establecer su propia política energética, haciendose cada vez más independientes del zigzagueante mercado del petróleo.
El momento de las energías eólica, hídrica, solar, de hidrógeno y otras formas alternativas y no contaminantes ha llegado. Las palabras mágicas aquí son "voluntad política". Esto no es una opción, sino una obligación, ya que tal y como la la situación, estamos a 5 años o menos de una crisis económica mundial, con sus consecuentes conflictos armados.