Cuando las manecillas del reloj marcaron las 10:30 de la mañana, se inició la destrucción de 986 armas de fuego, en la sede de la Policía Nacional.
Unas 200 armas del total destruidas, corresponden a incautaciones realizadas en el 2007 y parte del 2008.
El resto de las armas es el resultado de incautaciones efectuadas en toda la geografía nacional por diversas entidades de seguridad desde 1991 hasta el 2006.
Del total de armas, 339 eran escopetas, 301 revólveres, 148 pistolas, 145 rifles, 6 fusiles, 4 subametralladoras, 2 carabinas, 1 mosquete y otras 40 como niple, pelex.
Una a una, las armas pasaron por las manos de quienes tenían la labor de aplicarles fuego con el soplete para dejarlas inservibles, inclusive hasta el propio director de la Policía, Jaime Ruiz, participó de forma directa en el acto de destrucción.
Las armas al quedar inservibles fueron acumuladas en pequeños montículos y rociadas con agua para enfriarlas.
Luego fueron puestas en contenedores rectangulares de madera, para trasladarlas hasta el incinerador para fundirlas. Todo el material que resultó será enterrado en un terreno de seguridad, custodiado por las autoridades y cuya ubicación es confidencial.