Se dice que en este gobierno se puede "meter la pata, pero no la mano". Esta frase, usada por el actual Presidente de la República desde que tomó posesión del cargo, explica que es permisible en una organización las faltas culposas, pero inaceptables las dolosas.
Ahora bien, ¿Cuándo es el límite para las metidas de pata? ¿Cuánto es suficiente? Sobre todo, si se trata del mismo error una y otra y otra vez.
Se supone que el "ensayo y error" nos sirve para aprender cómo hacer las cosas bien la próxima vez. Pero parece que algunos no aprenden.
Hay trabajadores tanto del sector privado como del gobierno que todos los días cometen constantemente errores.
Ojalá fueran diferentes, pero no, es la misma situación una y otra vez. Es como aquella gota que se escucha en las noches que no deja dormir a nadie. Son pequeñeces que gota a gota al final se convierten en un gran monstruo que acaba con toda la organización.
Le invito a que aprenda de cada equivocación para que la próxima vez que se enfrente a la misma situación esté preparado para enfrentar el dilema y no repita la misma vaina que le salió mal la primera vez.
¿Recuerdas la clase de computación? El instructor siempre recalcaba que deben salvar las guías porque en el momento en que se iba el suministro de energía había muchas probabilidades de que perdiera su documento electrónico. Si aún recuerda esa clase, entonces por qué se le siguen perdiendo las cosas. Está trabando el doble de la manera más tonta.
En el plano personal, las cosas también son crónicas. Si su mujer lo perdonó por su infidelidad, por qué sigue ka-chan-do por ahí. ¡Cuídese!