Fue el día más terrible de mi vida, fue como una pesadilla que nos invadió hasta el alma y que nos dejó taciturnos al igual que a los jugadores. El fútbol y la vida continúan.
El miércoles vivimos sentimientos de amargura, desazón, tristeza, llanto y dolor. El sueño de Alemania pareció esfumarse con el gol de Gonzalo Romero. Fue un tiro que nos partió el alma al igual que dividió en dos el arco de Jaime Penedo.
Las lágrimas y llanto invadieron nuestros corazones. Fue una noche amarga que nos quitó la última esperanza de acudir a nuestro primer mundial, porque aunque hay esperanzas remotas, para mí y con pesar tengo que decir que el sueño terminó en Guatemala.
Ya no queda tiempo para llorar, como dice una repetida frase. Ahora debemos pensar en lo que nos depara de aquí en adelante, en el futuro del fútbol panameño y como dice el técnico "Cheché" Hernández, "hay que terminar con dignidad la eliminatoria".
No podemos decaer en los últimos cuatro juegos que restan, no podemos tirar al piso el coraje mostrado hasta ahora, al margen que los resultados no nos hayan acompañado.
No podemos permitir que nuestros rivales trapeen el piso con goleadas sobre Panamá. De hoy en adelante este es nuestro deber.
Tampoco debemos acabar con el sueño de este equipo al margen que nuestro estado sea de cuidados intensivos.
Gracias selección por permitirnos estar por primera vez cerca del mundial. Gracias Jorge por ese gol del pasado miércoles. Una anotación que sembró esperanza en los tres millones de panameños que seguían el partido.
Gracias a todos los jugadores porque se entregaron, lucharon y pusieron a este país en el mapa del fútbol mundial. No es momento para hacer leña del árbol caído. Tal vez es el momento preciso para recapacitar de nuestros errores y pensar en Sudáfrica 2010.
En este proceso de dos años de eliminatoria Panamá se ha identificado con el fútbol y aunque muchos no quieran reconocerlo, parte de ese éxito se debe al cuerpo técnico que encabeza Hernández, Amado Nunes y Julio César Toral.
Otra gran parte y la más importante, a los jugadores. Sí, a esos artistas de la pelota, quienes tienen sobre sus espaldas la responsabilidad de todo un país y son los que más sufren con las derrotas y se emocionan con las victorias. Panamá lloró el miércoles, pero la pasión por el fútbol debe permanecer.