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EDITORIAL
El morbo y las buenas noticias
Mientras el país se deleita con la morbosidad que provocan los escándalos políticos, las buenas noticias pasan casi desapercibidas en el entorno, pero que la incapacidad de los propagandistas judiciales no las advierten por estar más ocupados en dar una respuesta a los cuestionamientos oficiales que le hacen a la política oficial.
Las ocho locomotoras que se recibieron para modernizar el Canal constituye uno de los aciertos, lo mismo que la reducción del déficit habitacional en la provincia de Chiriquí. A ello, hay que sumar el éxito de que nuestro país ha sido confirmado como la primer marina mercante del mundo y que hemos avanzado con un alto índice de desarrollo humano según certifican las Naciones Unidas. Pero los propagandistas del Estado parecen no ver más allá de sus narices y tibiamente dan a conocer un informe oficial de logros para atender la politiquería criolla, la citada morbosidad y otros aspectos que tienen que ver con la chismografía local.
No sólo son elementos negativos los que tiene el Gobierno pero es evidente que no saben explotar o vender las realizaciones, que sí las hay. No todo lo hecho por la administración actual ha sido malo, pero existe una especie de negligencia en dar a conocer lo positivo, y tanto los ministros como algunos altos funcionarios de la esfera gubernamental adoptan la actitud del avestruz en las grandes crisis, en vez de afrontar con valentía los problemas globales que se le presentan cotidianamente al gobierno del cual ellos forman parte.
El problema del helicóptero-submarino, el asunto de la liberación del supuesto narcotraficante estremece al Organo Judicial, la incertidumbre del real resultado de la huelga bananera, la intervención de antimotines en Las Tablas de Bocas del Toro y otros casos que se han convertido en prioridades nacionales ocupan los primeros planos en la opinión pública en este país de características tercermundista cuya idiosincrasia lo hace reaccionar así, aunque denota la falta de madurez para la atención de grandes problemas nacionales.
Es una lástima que el país ande a la deriva porque la falta de sensatez de las autoridades no le ha permitido que ancle en puerto seguro y, por el contrario, sigue navegando en un mar borrascoso. A todo esto, sigue la violencia armada en las calles y hay una especie de frustración en pueblos del interior del país con los repetidos suicidios que se registran mensualmente, algo que debe ser motivo de preocupación también. No queremos pensar que esta sea una población desquiciada y que la desesperanza haya invadido nuestro estado de ánimo.
Los relacionistas públicos del Estado deben ser más agresivos y divulgar la gestión de gobierno que está huérfano de una buena y efectiva publicidad y aprender a ejecutar el presupuesto que se ha destinado para ello.
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PUNTO CRITICO |
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