El Estado panameño anunció con bombos y platillos el inicio del proceso de compra de 345 megavatios de energía a largo plazo por empresas distribuidoras a generadoras (hasta los años 2012 y 2022), como parte de una estrategia para eliminar las compras en el mercado ocasional.
Según la Autoridad de los Servicios Públicos (ASEP), eliminando las transacciones en el mercado ocasional, que hasta este año totalizaron el 23% de las compras de energía a generadoras, se podrá controlar mejor las fluctuaciones en el costo de la energía eléctrica a los consumidores.
Con esta y otras medidas, la ASEP tiene como fin que para el año 2012 haya una oferta adicional de 748 megavatios adicionales en el mercado energético. Y cada uno de esos megavatios son necesarios, ya que todas las generadoras del país tienen una capacidad máxima de 1,028 megavatios, y la demanda crece día a día.
En mayo de este año, la demanda alcanzó un pico de 1,059 megavatios, y de no ser por una estrategia de emergencia de ahorro energético, que incluía apagar los letreros luminosos en horas de la noche, y la oportuna llegada de las lluvias, hubiésemos sufrido apagones programados.
La coyuntura es buena para que el país se abra con mayor confianza hacia las fuentes de energía alternativas.
La energía térmica es demasiado contaminante y cara, mientras que la hídrica tiene la desventaja de que requiere de grandes hidroeléctricas cuya construcción arrasa con extensas áreas verdes, y provocan el rechazo de las comunidades y los ambientalistas.
Recientemente, el consorcio español Fersa obtuvo el permiso del gobierno para la construcción de un parque eólico que generaría entre 150 y 225 megavatios. Tomando esto último en cuenta, lo más sensato es que la apuesta del país para asegurar su futuro energético implique la generación de varios tipos diferentes de energía, en vez de irse de lleno con una sola fuente.