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Domingo, 15 de Enero de 2012

 

Doble standard social merece ser revisado

Doble standard social  merece ser revisado

Rosalina Orocú Mojica | VIVA, Crítica en Línea

El acontecer doméstico de esta semana me puso a pensar entre otras cosas, que interesante es saber por qué el Homo sapiens en pleno Siglo XXI, la era del Internet, del conocimiento, de la tecnología de avanzada, sigue actuando como antaño, con sesgo sexista, a la hora de juzgar lo que está bien y lo que está mal.

¿Son las acciones malas por sí solas? ¿Cuándo hay atenuantes y cuándo no? ¿Son válidos o formas de racionalizar? ¿Por qué a unos se les aplaude todo y a otros (léase otras) se les censura un traspiés? ¿Quién lo decide? ¿Son acaso ellos perfectos y ellas imperfectas?

¿Hay veces que lo correcto es incorrecto y lo incorrecto correcto?

No nos engañemos, la sociedad sigue siendo tan androcéntrica e injusta con las féminas como cuando nuestras abuelas, que si mostraban el tobillo era que se estaban insinuando y no tenían pudor.

No nos engañemos, lo que está mal está mal, a los ojos de Dios, así lo haga el Papa, el Presidente, una princesa, un aristócrata o un “don nadie” (todos son alguien, todos importan y es imperante valorar la integridad personal para que la autoestima de cada uno se eleve y en vez de andar en el pantano vuelen como águilas): el que es ladrón es ladrón, así cometa un desfalco, le robe a los contribuyentes, mate o hiera para robar o sustraiga dinero de la cartera de mamá o se lleve algún objeto “insignificante” de la oficina o de la casa de su patrona, si es que hablamos de algo bastante común entre algunas empleadas domésticas; el que es mentiroso que no dore la pildora, porque no hay mentiras blancas ni de colores pasteles; pero, por qué meten preso y estigmatizan para siempre a “Juan de los palotes” y los de saco y corbata, los que tienen nombre (vaya frase de cliché esta que solemos mal usar, pues todos tienen nombre, claro, excepto aquellos cuyas madres no los inscribieron nunca, que los hay en Panamá y otras naciones) salen siempre bien parados. Y con el tiempo hasta se ganan el premio gordo, pues pareciera que en política la gente decente está en peligro de extinción y ser bribón está de moda.

¿Por qué nos resultará tan difícil cosas como ser justos, perdonar, hacer críticas constructivas, dejar de meternos en la vida ajena y si lo hacemos, que sea para bien para dar un consejo oportuno y evitar que alguien yerre y no que hasta se le pone la cáscara de banano para que se resbale?

Celebrarle las andanzas a leguleyos, a hombres infieles con complejo de narcisos y “non plus ultra”, que los hay como hierba mala aquí y acuyá es casi como darles un Óscar por su descaro y sucede a cada rato en todos los escenarios de la vida.

Pero, pobre mujer, cuando se cae, todos, como del árbol caído, quieren hacer leña de ella. Por su madre, hombres de esta sociedad de hoy día “cortada a su medida”, aprendan que todos salieron del vientre de una mujer y en la medida en que aprendan a valorarlas, estarán contribuyendo a que en el futuro no les toque doble o triple porción de la misma medicina.