Nacional - 18/7/21 - 12:00 AM

Cree y vive: Jesús se cansa, pero se compadece y descansa

Por: Luis Enrique Morán Colaboración para Crítica -

El amor a los demás pasa por el filtro del amor propio y éste último implica el cuidado y respeto de nuestro cuerpo. Quien no se ame, valore y respete así mismo, no será capaz de amar, valorar y respetar a los demás.

¿Cuántas veces hemos abusado de nuestras fuerzas? ¿En cuántas ocasiones hemos irrespetado los límites de nuestro propio tiempo? Resulta ser que a veces vamos a un ritmo tan acelerado que se nos olvida que somos humanos, somos limitados, necesitamos descanso y recargar las fuerzas, pues de lo contrario, nos quedamos sin “gasolina”…

Como cristianos, muchas veces caemos en la tentación de ultra-divinizar la persona de Jesús y olvidamos que, además de ser verdaderamente Dios, Cristo también es verdaderamente hombre. ¡De carne y hueso! Por ello, ¡hasta él se cansa!

Es así como el evangelio de Marcos narra ese cansancio: “Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.” (Marcos, 6, 30-32).

Tras las misiones cumplidas en el acontecer diario de nuestras vidas, es necesario reflexionar y hacer un ejercicio mental de nuestras acciones; no obstante, una vez realizada esa recapitulación, Jesús nos invita a un lugar solitario para descansar también nosotros [pues queda entendido que además de descansar él, deseaba que sus discípulos descansaran].

Sin embargo, a veces hay quienes nos piden dar la milla extra y ocurre lo inesperado: “Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.” (Mc 6, 33-34).

¡Qué detalle el de Jesús! En medio de su cansancio, se compadece de esa multitud y se puso a enseñarles “muchas” cosas, es decir, no fueron unos cuantos minutos [no fueron las sobras de su tiempo] lo que él le dedicó a esa muchedumbre… ¡Cuántas veces hemos cansado a Jesús cuando andamos perdidos por la vida, pero él se ha compadecido de nosotros!

Aprendamos de Jesús a dar la milla extra por los demás, pero no olvidar que después de darla, merecemos descansar. Tomemos consciencia de nuestra fragilidad humana y de la humanidad de Jesús: se cansa, pero se compadece y luego descansa.