TAP suspenderá el vuelo Lisboa-Bogotá-Panamá

La conexión entre Portugal, Colombia y Panamá -a través de un vuelo que primero llega a Bogotá y después sigue hasta Ciudad de Panamá- incluía inicialmente un vuelo diario de lunes a jueves, aunque la frecuencia también se había reducido en los últimos meses.

Lisboa/ EFE

La aerolínea portuguesa TAP anunció hoy la suspensión de diez rutas, entre ellas la que conecta Lisboa con Bogotá y Ciudad de Panamá, dentro de su estrategia para "mejorar la rentabilidad".
En un mensaje publicado a través de las redes sociales, TAP confirmó que a finales de marzo terminará la conexión entre Lisboa y las capitales colombiana y panameña, 21 meses después de su inauguración.
Los responsables de la aerolínea incidieron en que la medida supone la cancelación de "algunas de las rutas menos lucrativas" para la empresa.
Ésta es la única ruta suprimida fuera de Europa, ya que el resto afecta a los vuelos entre Oporto y Barcelona, Bruselas, Milán y Roma, así como los que operan desde Lisboa y Bucarest, Budapest, Gotemburgo, Hannover y Zagreb.
La conexión entre Portugal, Colombia y Panamá -a través de un vuelo que primero llega a Bogotá y después sigue hasta Ciudad de Panamá- incluía inicialmente un vuelo diario de lunes a jueves, aunque la frecuencia también se había reducido en los últimos meses.
Además, la ruta Lisboa-Manaus-Belém se verá modificada y pasará a ofrecerse un vuelo directo entre la capital lusa y la principal ciudad del Estado brasileño de Pará, desde donde se podrá tomar una conexión con Manaus a través de la aerolínea Azul.
"TAP contactará de forma anticipada con todos los pasajeros con billetes a estos destinos para encontrar una alternativa o devolver el dinero", explicó la empresa.
La privatización de la aerolínea lusa fue cerrada en noviembre de 2015 y supuso la entrada como principal accionista de un consorcio formado por el brasileño-estadounidense David Neeleman, propietario de la compañía Azul, y por el empresario portugués Humberto Pedrosa.
La operación todavía genera polémica en Portugal y el nuevo Gobierno socialista, que tomó posesión a finales de noviembre, ya inició conversaciones con sus actuales dueños para que el Estado recupere el control de la compañía y vuelva a tener en sus manos más del 50 % de los títulos.

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