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Libre y responsable

Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista

La libertad es la capacidad que caracteriza los actos propiamente humanos, con la que nos hacemos responsables de nuestras decisiones que pueden convertirse en fuente de alabanza o de reprobación, de mérito o de demérito.

Todo ser humano, naturalmente, busca lo que él considera el bien, nadie de manera racional busca el mal por el mal mismo, si alguno llegara a buscar el mal, en el fondo lo hace procurando, aunque equivocadamente, un bien mayor. El ser humano es responsable de sus actos, del progreso en la virtud que conlleva el conocimiento del bien y el dominio de sí mismo, en función de su autorrealización, haciendo el bien en la verdad.

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Partiendo de estos principios decimos que la libertad conlleva una responsabilidad ante los actos que con pleno conocimiento y deliberado consentimiento realizamos para bien o para mal. Sin embargo, la responsabilidad de una acción puede quedar disminuida e incluso suprimida por causas como la ignorancia, la inadvertencia, la violencia o el temor. Pero todo acto voluntario y libre es responsabilidad de su autor.

De allí, vemos ejemplos en la Biblia de cómo Dios les pide cuenta a Adán, Caín y al rey David por sus actos. Si bien es cierto la responsabilidad de un acto puede ser disminuida por las circunstancias, esto es cierto siempre y cuando no sean fruto de la negligencia ni de la imprudencia, cuando por ejemplo no conocemos lo que debemos saber o actuamos con irresponsabilidad. Como nos enseña la Escritura: “En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad y la injusticia de los hombres, que por su injusticia retienen prisionera la verdad”, Romanos 1, 18.

La libertad es un gran don que nos viene de Dios que entraña una gran responsabilidad.

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