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Elegiremos a una feminazi en el 2019

Por: Julio César Caicedo Mendieta

El feminismo es una teoría de las ciencias sociales, y el machismo una perversa discriminación contra las mujeres. ¡Ya! Don Cayetano Flores Lorenzo, el suscrito, y un número grande de jubilados y pensionados, acordamos en nuestra reciente degustación de jugo de naranjas andaluzas en el cuartel general del Cholo Victoriano Lorenzo de la Negrita, que nos haremos fusilar por piroperos “light” de ser necesario. Todos concordamos en que solo una feminazi disciplinada, trabajadora y preparada para gobernar el país podría evitar que nuestro mágico istmo caiga en el estercolero que reaparece en el firmamento. Alguien tiene que detener las cosas terribles del sistema que tienen al país en los brazos del alcoholismo, de las drogas, pandilleros nacionales e internacionales, de asesinos extranjeros como el salvaje Bill y el quisqueyano Ventura, de sarcásticos ladrones de los dineros del pueblo, de políticos delincuentes y vulgares, de funcionarios asaltadores de planillas gubernamentales y de defensores de demonios, o sea también de abogados odiados hasta por las prepotentes billeteras que los “Moles” no quieren en sus atrios como si ellos fueran dueños de nuestro país.

Le pediremos a esa grandilocuente feminazi, que nada de constituyente, no podemos perder el tiempo en leguleyadas trasnochadas, que con eliminar por otro el Código Penal, un código penal sin la contaminación de atenuantes, sería más que suficiente. Que establezca de algún modo (aquí y en Catatumbo todo se puede), que si los funcionarios elegidos de no dar pie con bola el primer año en el poder o estén metidos en vainas, sean removidos y condenados a picar piedra en la isla iguana que está frente a Monte Oscuro, Capira, por su mal ejemplo a los niños. Todos estos malos panameños deben ser expulsados del Gobierno sin pestañeos, suposición de inocencia, renqueadera de perros ni lágrimas de mujeres.

Le solicitaremos a esa feminazi, que quite del salón presidencial las fotografías de todos esos presidentes de nuestro trópico rastrojero con la fama de coimeros, sentencia ratificada por el pueblo aún desde lo más profundo de los huecos de nuestras calles, trillos y caminos.

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