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Las infracciones contra la naturaleza nos pasarán factura

José Vicente Cobo De la publicación: “El camino del olvido”

Así como el hombre está de peregrinaje, también lo está el alma. Lo que significa que ella tiene siempre también la facultad de decidir qué camino quiere seguir. El alma se esmera ya sea por llegar pronto al hogar eterno, al macrocosmos de materia sutil, o bien permanecer durante largo tiempo como alma en un nivel de purificación que corresponda a su intensidad de irradiación. También tiene la libertad de volver a encarnarse. No importa por cuál se decida, ella está siempre rodeada de lo que le impuso el que antaño fue su ser humano, es decir, aquello que aún no está purificado, lo que no está saldado como culpa.

En este largo peregrinaje el alma tiene que reconocer, con frecuencia de forma dolorosa, en su cuerpo anímico lo que claramente le muestra su grabado, por ejemplo, delitos contra personas, maltrato a animales, haber matado intencionadamente animales o el consumo de carne animal. También el ultraje a la naturaleza y la explotación de la Tierra están en el alma del llamado pecador, del que fue un ser humano, registrado en imágenes y a menudo unido a sufrimientos y dolores. Lo que ella como ser humano causó a otras personas, a animales, a toda la madre Tierra, sean torturas, sufrimientos, dolores y mucho más ahora lo tiene que cargar y sentir en su propio cuerpo. Esta es la llamada expiación.

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Si al alma se le hace consciente su carga y cosas parecidas, entonces, es nuevamente instruida por seres más luminosos, así como siempre fue enseñada durante su camino de peregrinaje. Durante su camino de peregrinaje se muestra el siguiente paso, es decir, lo que ahora ha de purificar. El cual se hace visible en el cuerpo anímico, igual a vestido del alma.

A lo largo de todos los caminos de peregrinaje, el alma cambia el aspecto de su cuerpo anímico y de los vestidos del alma. Cuanto más se desarrolle el alma espiritualmente, o sea, cuanto más reconozca su grabado, se arrepienta de él, lo purifique y lo expíe, frecuentemente de forma dolorosa, más se transforma la estructura del cuerpo de sustancia sutil a través del cambio de energía negativa en positiva. El cuerpo de sustancia sutil se torna más claro, los vestidos del alma se vuelven más luminosos, los rasgos del rostro más nobles. Paso a paso el ente alma se aproxima a su hogar verdadero y eterno, y muy lentamente se despliega su entidad divina, el ser espiritual de sustancia netamente sutil.

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