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RESCATE DEL OLVIDO # 510 EPIFANIO GARAY 1849 - 1903

José Morales Vásquez [email protected]

Continuación de Épocas - Por: Jorge Conte Porras.

“En igual forma, su hija Nicolle en su obra ‘Versos y Prosas’ dice que su padre llegó a Panamá cuando contaba diecinueve años. Con algunas interrupciones aquí residió con su familia hasta el año de 1899, cuando decidió trasladarse primero a Cartagena y de manera posterior estableció su residencia permanente en Santa Fe de Bogotá.

Antonio Restrepo, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, en un estudio sobre las manifestaciones artísticas en su patria, nos señala que a Garay se le conoce como el artista más cotizado de fin del siglo X1X.

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“La excelencia de sus retratos llegaron alcanzar un especial reconocimiento en las esferas oficiales. El estudio en la Academia de Julian en París, donde adquirió las destrezas tradicionales del arte. En Colombia dirigió la Escuela de Bellas Artes y formó a varios discípulos que se destacaron al seguir las enseñanzas orientadas por él. Sus obras continúan siendo consideradas como las de un maestro excepcional”. “En Bogotá contamos con sus retratos de san Ignacio de Loyola, Policarpa Salvatierra, Antonio Nariño y, especialmente, su óleo gigantesco del presidente Rafael Núñez, que muchos consideran su obra magistral”.

Nosotros tuvimos la oportunidad de observar este retrato de Rafael Núñez en el año de 1982 en una de la salas de exposición de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Es una obra que impacta por sus detalles físicos, pero lo que más impresiona es la expresión del personaje que nos refleja ser un individuo de una vanidad superlativa.

El muy conocido historiador y sociólogo colombiano Luis López de Meza, en un ensayo que publicó el Boletín Cultural del Banco de la República (Bogotá) nos dice: “En Colombia, el arte grande de fin de siglo reapareció definitivamente con Epifanio Garay, habilidosito pintor, maestro del retrato. Lo mejor de su obra lo constituye su galería de retratos, basta para ello su Rafael Núñez”.

“Desde su niñez, mostró Epifanio Garay una particular afición por el dibujo y para estimularlo sus padres lo enviaron a París, en donde realizo estudios académicos en el taller Julien. Él es el verdadero creador de obras perdurables, algunas suficientemente nobles como para resistir un paralelo con sus similares de antigua tradición en el continente hispanoamericano”.

Leemos en “La Estrella de Panamá” que en el año de 1889 “Epifanio Garay está exhibiendo en Bogotá un cuadro del emperador Maximiliano pintado en París, que ha sido calificado como una obra maestra”.

Nos dice Narciso Garay Díaz que su padre realizó en Panamá muchas obras de restauración de antiguas obras de arte religioso, la mayoría de las cuales pertenecían al periodo colonial hispánico.

Según referencias que encontramos en “La Estrella de Panamá” de 14 de noviembre de 1882, don Justo Arosemena obsequió a la Catedral Metropolitana en Panamá un óleo conocido como La Virgen de los Cielos, según referencias de quien la había adquirido, había sido pintada por Bartolomé Esteban Murillo. El tiempo ha demostrado que se trata en verdad de una obra de la escuela de Zurbarán, aun cuando la pintura no tiene firma del autor. Esta obra fue restaurada en el año de 1890 por don Epifanio Garay, pues empezaba a mostrar signos de deterioro.

Víctor Florencio Goitya en “El siglo XX en Panamá”, al referirse a Narciso Garay Díaz, hijo de Epifanio Garay, nos hace algunas referencias sobre la obra de su padre el pintor durante su permanencia en Panamá, defendiendo la tesis de que el cuadro La Virgen de los Cielos que reposa en la Catedral de Panamá era una obra de Murillo. Goitya abunda en detalles sobre la forma como esta pintura fue a dar a manos de Justo Arosemena.

Pero en cuanto a esta pintura religiosa, son muchos los que desde el siglo XIX empezaron a poner en dudas la autoría de Murillo. Don Sebastián Villalaz publicó un trabajo sobre el tema de esta obra restaurada por Epifanio Garay que tituló “¿Será Murillo?”. Y que fue el primero en cuestionar su origen artístico.

Ya en el siglo XX abundaron las argumentaciones de mayor fundamento, entre ellos el periodista y catedrático universitario Enrique Ruiz Vernacci.

Ello lo confirmaba nuestro pintor nacional Juan Manuel Cedeño varios años después, quien en todo momento insistió en que esta obra pertenecía a la escuela de Francisco de Zurbarán, pintor español de los siglos XVI y XVII, cuya escuela de pintura fue identificada en todo momento por sus obras de arte religioso.

CONTINUA.

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