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Y ahora, ¿cómo celebraremos los goles?

Partidos a puerta cerrada, primero, y competiciones abiertas al público, después, pero con las gradas limitadas a un 30 % o un 50 % del aforo, serán condiciones indispensables para volver a abrir los estadios.
Y ahora, ¿cómo celebraremos los goles?

Por: Madrid, 7 may (EFE). -

Abrazar al vecino de grada, pedir otra ronda, reunir en casa a veinte amigos, agolparse en las plazas, bañarse en las fuentes... Así se celebran desde hace décadas las victorias deportivas en cualquier esquina del planeta. Pero, ¿y ahora?
Todas los festejos relacionados con el deporte tendrán que ser revisados en los próximos meses, despojados de cualquier espontaneidad, cuando se reanude la competición bajo las medidas de distanciamiento social dictadas para evitar la propagación del coronavirus.
Estadios, bares, casas y calles. Ninguno de los escenarios habituales en los que se da rienda suelta a la alegría deportiva será el mismo tras el paso de la pandemia. Aforos limitados, mamparas de separación, autoaislamiento, horarios restringidos... "Es como si nos hubieran extirpado una parte de la fiesta".
Así lo resume Juan Antonio Castrillo, sociólogo y orientador profesional, miembro del grupo 'El último vestuario' creado para ayudar de forma desinteresada a los deportistas que afrontan el final de su carrera.
"El ritual de la fiesta del deporte supone una liberación enorme para el individuo y pasa por que estemos todos juntos, nos abracemos y nos toquemos. Es una expresión de pertenencia a una comunidad. ¿Cómo se va a manejar ahora esto? El contexto es complicado", admitió Castrillo al reflexionar sobre las posibles nuevas formas de celebrar.

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Partidos a puerta cerrada, primero, y competiciones abiertas al público, después, pero con las gradas limitadas a un 30 % o un 50 % del aforo, serán condiciones indispensables para volver a abrir los estadios. "Público limitado a 1 persona por cada 20 m2", se prevé en España en la Fase 3 de la desescalada. Casi será posible identificar a cada una de las voces que griten 'gooooooooooool', o que reclamen que la bola entró, o que festejen una canasta sobre la bocina.
Los tifos, los saltos codo con codo, los vasos que pasan de mano en mano y los besos para la cámara serán una rareza del pasado. Pero, de un modo u otro, la celebración seguirá presente porque "el deporte es un ritual, una liturgia laica, con una potencia enorme", recordó Castrillo.
"Ese ritual es una auténtica fiesta, un encuentro comunitario muy intenso. Nos da un significado existencial, un sentimiento de pertenencia. Es un chute de emociones enorme. Los rituales nos ponen en orden, nos adjudican roles y jerarquías, como saben muy bien las religiones. Y los necesitamos porque rompen con lo rigidez de lo cotidiano", apuntó Castrillo.
"Ya nos ha extirpado muchas cosas, el confinamiento es una auténtica castración a muchos niveles", añadió. "Estamos gestionando un duelo personal y colectivo y el deporte puede ser una vía de escape. Si el fútbol es lo primero que se quiere poner en marcha no es solo por el PIB, por lo que mueve económicamente, sino por lo emocional y lo comunitario. La válvula de escape que necesitamos nos la va a dar el deporte. Si ya lo hacía antes, imagínate ahora. Es una medicina emocional".

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