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Lujuria y castigo

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Lujuria y castigo

Desde joven le tuve ganas a una chica morena y de cuerpo curvilíneo, muchas veces me hice la Manuela en su nombre y soñaba con tener ese escultural Bamban para darle con mi 8 pulgadas de lujuria y pasión. Mis sueños se hicieron realidad, pero de una manera inesperada. Resulta que con el tiempo nos hicimos amigos y amantes. La primera vez casi que no me pude bajar el pantalón porque de solo verla en panti me chorreé todo y ella se mataba de la risa, eso me espantó la erección y, pese a que tratamos y tratamos, no se me volvió a poner duro.

Controló la eyaculación

La segunda vez pude controlar mi arrechera, pese a que la vi en todo su esplendor, o sea completamente desnuda. Su piel es morena, muy negra y brillante, sus tetas son duras y firmes con unos pezones que son un desafío a la gravedad de Newton, apuntan hacia arriba y son como dos enormes cocos. Pegué mi boca a esos portentos de hembra joven y se los mamé hasta que se me cayó la lengua de cansancio. Ella me devolvió el favor con una relamida de sexo oral, pero tuvo el cuidado de llevarme varias veces al casi orgasmo. Cuando sentía que se me salía la “milk”, ella paraba y se concentraba más abajo en las canicas, cuando sentía el liquido espeso volvía a parar y así controló mi eyaculación precoz.

Recorrida

Así las cosas, la abrí como un almeja al escabeche y la babeé hasta que el pocito se llenó de agua que se le derramaba. Llegué a sentir cómo palpitaba en mi boca su concha de mar porque llegué hasta mar adentro, muy a dentro. Les hablo de una hembra hecha, con varios kilómetros recorridos, ella sabe qué quiere de un hombre en la cama y sabe cómo sacársela. Ya en ese punto yo me mataba por entrar y ella se moría por dejarme pasar a su interior más íntimo y húmedo. Nos pusimos en una pose inequívoca, ella me podía ver entrar todo y yo la veía tragar todo. Aquí llegué al punto en que no les puedo describir nuestro placer porque no hay palabras suficientes. Nos hicimos de todo y sin límites.

Me cogieron a mí

Ella se corrió varias veces y yo la chorreé dos veces y mi pene nunca se ablandó, estuve duro siempre y ella nunca flaqueó, me remeneó como una batidora sin parar. Luego de muchos polvos memorables, la guial me confesó que era lesbiana y que quería seguir haciéndolo conmigo, pero que también encontraba mucho placer en otras hembras. No le podía creer al principio hasta que lo hicimos con una de sus amantes, ahí descubrí otra dimensión del sexo porque ellas me cogieron a mí.

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