¡Colombia!

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¡Colombia!

Por: José Raúl Mulino Q. / Excanciller y exministro de Seguridad -

Sigo la política colombiana desde hace mucho. Los amigos allá y las experiencias vividas desde la Cancillería y luego desde el Ministerio de Seguridad aparte de la admiración personal que siento hacia ese país y su gente, no me pueden hacer ajeno a su suerte, la cual, de manera inexorable, también tiene y tendrá efectos en nuestro país, sea para bien o para mal.

Confieso que si fuera colombiano no hubiera votado por Gustavo Petro, pero también confieso que me hubiera preocupado mucho votar por Rodolfo Hernández, aunque lo hubiera hecho. Las disyuntivas de la política. Las abstenciones o votos blancos para mí son cobardía. Dentro de ese marco trataré de plantear mis ideas desde la perspectiva de nuestro país y de lo que yo considero debe ser el nuevo escenario bilateral. Lo otro, las estrategias de café, es propio de los colombianos, duchos en eso y de acuerdo a sus particulares intereses.

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Trillada está la historia de Colombia y su impacto en la nuestra. Nos separamos en medio de las complejas circunstancias de la época, decisión que fue oportuna y visionaria. Sin embargo, el derrotero del vecino país siempre fue accidentado y desde la segunda mitad del siglo pasado, en extremo violento. Las diferencias internas y las inequidades cultivadas por décadas que hoy resaltan y que se quieren mirar como meras estadísticas, unidas al criminal impacto del narco y de las guerrillas, han hecho de ese país un caldo de cultivo de muchas cosas que hoy, en esta elección, dio su mensaje claro.

El “triunfo de la izquierda”, que hoy llaman, quizás, en gran medida, lo dieron los que tenían poco o nada que perder. Con la derecha o el centro, jamás hubieran votado. El desgaste era evidente. Colombia ha sido un feudo en lo social, económico y político y el precio ha sido inmenso desde toda perspectiva.

En Panamá, como he dicho de manera responsable, nos toca ir llevando la relación con mucha altura, pero también con mucho realismo respecto del tipo de gobierno que regirá en ese país por los próximos cuatro años y que se irá valorando a través de sus actuaciones, paso a paso, en un plano de igualdad.

Colombia es nuestro inamovible vecino y compartimos oportunidades, pero también grandes y delicados problemas que seguirán allí. Es en nuestro interés darle la importancia que tiene esa relación, pero también hacer que Colombia entienda que Panamá les puede ser necesario para muchas cosas, sobre todo por la estratégica posición geográfica y el valor agregado de la misma, lo que debe ser un punto clave en el replanteamiento de nuestra política exterior a partir de este momento con el vecino país y frente al mundo del 2024 en adelante. Ambos países nos necesitamos y eso debe enfocarnos hacia una relación respetuosa y consciente a pesar de temas con poca coincidencia.

Un gran debate se observa sobre quién coaliga a esa nueva oposición de derecha y centro desperdigada, pero activa luego de su derrota. No veo a Rodolfo Hernández con esa capacidad. La gran oportunidad de regir los destinos de Colombia le llegó por sorpresa y demostrando que el hastío era grande y que se decantaron por las dos ofertas por un cambio. Tremendo éxito. Será Senador y veremos cómo le va. Sin embargo, el Presidente Electo parece lograr mayoría legislativa con el apoyo Liberal que manifestó Cesar Gaviria y los Verdes lo que, en principio, debe servir para para impulsar sin tropiezos mayores su agenda de gobierno la cual, en temas álgidos, será controversial si no explosiva.

El activo personal y político de Hernández lo veo en el hecho de que ya no es competencia para nadie y, por lo menos en esta etapa inicial, puede jugar a ser un amigable componedor frente a los nuevos líderes surgidos de la campaña en campaña como Gutiérrez, entre otros. Con el gobierno electo, no lo veo. Luego, cada oveja con su pareja.

Petro es “gallo juga’o” y comprende bien que una cosa es ser oposición y otra gobierno. Ahora tiene que resolver.

Nuestra frontera es delicada. El narco y la migración irregular tienen que seguir ocupando con fortaleza y participación internacional nuestra agenda, así como los temas comerciales y de inversión. Si hay complicidad con los carteles o remanentes guerrilleros con el nuevo gobierno, que las mismas no nos afecten o empeoren la realidad nada fácil que enfrentamos.

No es poca cosa la presencia inversora colombiana en nuestro país lo que añade a la relación de intereses que proteger. Los bancos colombianos acaparan buena parte de los depósitos de nuestro sistema. Los Estados Unidos han dado un paso al conversar al más alto nivel con el Presidente Electo. No dudo que en la plataforma Demócrata, hay buenos amigos los que, por progresistas que sean, no apoyarán locuras.

Nuestra Embajada en Bogotá debe ser reorientada y fortalecida a fin de que pueda ser un válido interlocutor ante el distinto Gobierno Colombiano que llega en la proyección de una nueva política bilateral cónsona con las circunstancias, pero también transmisora a la Cancillería de la realidad colombiana día a día para actuar en concordancia. Esa realidad será cambiante y aquí debemos entenderla con detalles. Colombia hoy adquiere una dimensión política distinta para nosotros, de importancia geoestratégica, y hay que entenderla lo mejor posible.

En materia de seguridad, seguir avanzando en la solución de nuestros problemas, muchos de los cuales se originan en Colombia. El apoyo mutuo debe ser claro y entendido y debe prevalecer al margen de ideologías, ya que éstas no pueden dirigir las soluciones dramáticas y reales a las que se ve enfrentada Panamá. Lo hicimos antes y lo podemos seguir haciendo ahora. La región está convulsa y Centro América es una colcha de retazos y Panamá debe con agudeza política liderar en lo posible. La comunicación con entidades de seguridad colombianas debe ser muy en serio. Conozco el valor de esas relaciones y los beneficios recíprocos que se logran.

No quiero ser alarmista y montarme en la ola de la especulación respecto del futuro inmediato. No creo que, por ahora, haya migración masiva de colombianos hacia nuestro país, al menos que la crudeza interna siga distinguiendo la realidad colombiana. El factor económico y su proyección dirá mucho respecto de la tranquilidad financiera del país. El Presidente Electo deberá comprender que para hacer lo que planteó, en medio de tanto, debe tener una Colombia fuerte y tranquila, ya que su base política prontito le demandará milagros económicos en razón de que por ello le dieron en buena parte el voto. Y como dije antes, Colombia tiene una presencia empresarial importante en nuestro país como en ninguno otro en la región, lo cual debe servirnos para proyectarnos con mayor peso específico.

A pesar de todo lo vivido, ese país ha resistido, porque aún tiene bastante institucionalidad y la misma será crucial para poner en perspectiva la izquierda, ojalá democrática, con la que vamos a tener que convivir en la relación bilateral.

Les deseo lo mejor, a pesar de tanto.

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