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EL PANAMÁ QUE QUIERO PARA MI PAÍS

Por: Por Riccardo Francolini Arosemena -

Panamá vive una profunda crisis institucional. Eso aleja al gobierno de los temas que afectan al panameño de a pie como la inseguridad, la falta agua, de empleo, alza de la canasta básica, salud y educación, por decir los más palpables. La gobernabilidad ha colapsado y no hay un plan de rescate por la resistencia del Ejecutivo a sentarse en la mesa del diálogo con los otros poderes y la sociedad civil para poner fin a una situación que ellos mismos crearon. Mientras tanto, la frustración del pueblo crece. Están subiendo los niveles de irrespeto y violencia del ciudadano común a puntos que yo no había visto en mis 48 años de vida.

La situación financiera del país es crítica y genera incertidumbre, no solo desde las frías estadísticas, sino a través del prisma del panameño que no entiende de PIB o inflación, pero que sufre en carne propia sus efectos. Este gobierno ha desperdiciado 4 años en riñas, politiquería y en perseguir opositores. Y mientras ellos pelean allá en lo alto, en los barrios al panameño no le alcanza para lo básico, menos para ahorrar y brindarle a su familia momentos de esparcimiento.

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La promesa de Varela de que pondría más comida en la mesa con 58 dólares en tu bolsillo fue un vil engaño. Los invito a hacer un ejercicio: contacten vía WhatsApp a 10 amigos y pregúntenles si estaban mejor en este gobierno o en el pasado. No me cabe la menor duda que la gran mayoría vivía mejor en el gobierno de Ricardo Martinelli. Había empleo, comida en abundancia y dinero en el bolsillo. Pero sobre todo, se sentían felices y orgullosos de un Panamá en franco progreso.

Este gobierno, por intereses personales y políticos, cercenó más de 3 mil millones de Balboas del capital privado en sus primeros tres años. Sumemos: 200 millones con el cierre de Campos de Pesé. 1,100 millones con el cierre del Balboa Bank y Banco Universal. 200 millones con la venta casi irrisoria de Félix B. Maduro. 800 millones con la quiebra del grupo Waked en Colón. 400 millones en el remate del SOHO Mall. Todo esto sin contar los miles de puestos de trabajo perdidos. Y la cosa no para ahí. Millonarias pérdidas por la paralización de las obras del gobierno anterior, la caída de la Zona Libre de Colón y del turismo. Si no fuera por los resultados económicos de la ampliación del canal, proyecto al cual Varela se opuso, en estos momentos, en vez de desaceleración, nuestra economía del país estuviera en picada.

Si las cosas siguen así de mal, antes de que finalice esta administración, habremos tocado fondo. Quiere decir que el 30 de junio de 2019, el presidente Varela bajará las escalinatas del Palacio de las Garzas en medio de una recesión económica que tendrá que enfrentar el próximo gobierno. Esto es imperdonable, tuvieron mucho más presupuesto que Martinelli y nos ha endeudado más que ningún otro gobierno en la historia, pero las obras no se ven. ¿Dónde está la plata?

Los efectos del tortuguismo llegaron casi de inmediato a la clase media que fue la primera víctima, pero ya se siente a nivel nacional, haciendo mella en los más vulnerables. Y es ahí donde yace el peligro, cuando una sociedad, en vez de avanzar, retrocede por culpa de la soberbia, la indiferencia e ineficacia de sus gobernantes, la esperanza y los sueños del pueblo desaparecen y esto puede llevar a un estallido social. No quiero sonar alarmista, pero veamos a la Venezuela pre Chávez; ocurría algo parecido, no existía seguridad jurídica, un grupito gobernaba a espalda de las necesidades de los venezolanos, creando el caldo de cultivo para el nacimiento de un "mesías" político, y todos vemos a diario en las noticias el desenlace de esa historia.

Panamá merece tranquilidad, algo por lo que luchamos hace más de 25 años contra un régimen militar. No podemos permitir caer en una dictadura civil, que nos quiere llevar al enfrentamiento y a la zozobra. En vez de usar armas, nos quieren amedrentar con argucias civiles como una justicia sumisa y un Ministerio Público inquisidor, todo por no querer aceptar críticas de la oposición y de la sociedad.

Veámonos en el espejo de Venezuela. Dejemos las peleas políticas y trabajemos por un fin común. El primer paso lo debe dar el presidente Varela. Todos los sectores del país le hemos extendido las manos. Le toca a él desempolvar su olvidado lema de campaña “El pueblo primero”. Recuerde, presidente, los falsos mesías están a la vuelta de la esquina.

Estamos a tiempo y no todo está perdido. Podemos construir un país con justicia social, que los millones que produce el canal sean bien distribuidos, donde el empresario quiera invertir porque las reglas del juego no solo son claras sino que además se respetan y donde los obreros sean bien remunerados.

Este gobierno fracasó, pero ya está de salida. Para que las cosas cambien debemos unirnos en torno a una nación, sin distinción ideológica o partidista, convirtiendo a Panamá en nuestro norte. El cambio está en nosotros. Si trabajamos juntos, sin intereses políticos o personales, nuestros hijos podrán heredar un país distinto, sin rojos ni azules, sin izquierdas o derechas, sino de blancos unidos por el centro.

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