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HAY ESPERANZA EN EL SISTEMA JUDICIAL

Por: Por Riccardo Francolini Arosemena -

Después de 51 artículos que he escrito a través de los renombrados diarios de Editora Panamá América, al fin puedo decir que miro hacia el horizonte y veo una luz que brilla en el sistema judicial de Panamá luego de palpar el fallo que en derecho le asiste al amigo, empresario y dirigente de Cambio Democrático, Ricardo Martinelli Berrocal.

Recuerdo bien aquellos consejos y palabras sabias de representantes de grupos religiosos que se apersonaron a las instalaciones de la Policía Nacional y luego en El Renacer, cuando estuve secuestrado por Varela, para darme una voz de aliento y de esperanza. Y en verdad no hay que perder nunca la fe en Dios, él es nuestro más grande guía espiritual y el que fortalece al hombre cuando siente que está claudicando, por el es escenario difícil que enfrenta.

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Nunca perdí la fe y esa fuerza espiritual, estoy seguro que también la tuvo todo el tiempo nuestro amigo, copartidario y hombre de múltiples batallas, Ricardo Martinelli. Ambos fuimos de manera injusta y arbitraria despojados de nuestras familias, nuestro hogar, de nuestros hijos y de nuestros bienes, por culpa de una mente desquiciada del mandatario de la Nación que intentó doblegarnos en todo momento, pero sin lograrlo.

Esa fuerza espiritual que nos alimenta día a día es la que nos fortalece para seguir creyendo en el sistema judicial panameño. No es cierto que todo está perdido, porque con las decisiones que, en derecho, están tomando los jueces del Tribunal de Juicio oral en el Sistema Penal Acusatorio, es una muestra que aún hay jueces, magistrados y funcionarios judicial con dignidad y con carácter cuyos fallos se basan en apego total de la Constitución de la República de Panamá y de los diferentes códigos o normas jurídicas.

Nos encaminamos a recibir un nuevo Gobierno, encabezado por Laurentino “Nito” Cortizo, panameños en la que muchos han fincado sus esperanzas de hacer un verdadero cambio o giro de timón del Estado y rescatarlos del abismo económico y financiero en los que nos ha sumido el presidente panameñista saliente. Ustedes mismos van a palpar el 30 de junio el regocijo en la población panameña cuando vean que al fin acabó la pesadilla del gobierno más incapaz en la historia Republicana.

Ahora bien, rescatar a Panamá de las garras de la incapacidad, de la falta de oportunidades de empleo y enderezar el timón de la prosperidad no sólo es una tarea del Gobierno, es el concurso de todos los panameños porque con nuestro aporte estamos lubricando nuestro sello de panameños que pensamos en positivo por el bien de nuestro país y de nuestros propios hijos. Debemos preguntarnos todos, sin excepción ¿Qué clase de país le queremos dejar a las nuevas generaciones?

Es importante que tengamos como norte una tarea, para mí, muy fundamental, rescatar la sociedad panameña de la división que diseñó, creó y aplicó el presidente Varela en estos cinco años. Queremos un Panamá unido, donde exista en cada región del país, las mismas oportunidades para todos. No podemos seguir viéndonos como islas: los ricos por un lado, los pobres por el otro y menos relegar a los miembros de los pueblos originarios, ellos son tan panameños como nosotros y merecen también las mismas oportunidades.

Creo que es positivo ese slogan de que hay que unir fuerzas, pero no de carácter político partidista sino de unir a toda la sociedad en un haz de voluntades, que todos caminemos hacia un solo horizonte y con un solo objetivo: colocar a Panamá en el sitial de crecimiento donde estaba hace cinco años atrás, antes de la hecatombe panameñista.

En resumen, puedo decir que hay una luz de esperanza para resarcir, al menos con la población panameña, nuestra imagen, reputación, nuestro tiempo y recuperar nuestras vidas. Si los operadores del Sistema Penal Acusatorio continúan su peregrinar judicial basándose en estricto derecho, no tengo dudas que el pueblo sabrá la verdad de esta gran conspiración en contra de los que pusieron a este país a crecer y a ofrecer una mejor calidad de vida. Ese es el máximo dolor que estos conspiradores tienen, que no han podido emular lo que hizo en cinco años el Partido Cambio Democrático y la única manera de tratar de destruir esa bonanza era diseñar una estrategia de conspiración entre empresarios, dueños de medios, políticos, entre otros, tal como sucedió en Brasil.

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