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LA VERDAD NOS HACE LIBRES A TODOS LOS HOMBRES

Por: Por Riccardo Francolini Arosemena -

Mañana en horas de la tarde tendremos aquí al máximo representante de Dios en la Tierra, al sumo pontífice Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el santo padre Francisco, Vicario de Cristo y sucesor del príncipe de los apóstoles. El mundo entero volcará su mirada hacia un país con un territorio un poco mayor de 77 mil kilómetros cuadrados y con una población de 4 millones de habitantes: Panamá.

Afortunadamente para nuestro país, este es un acontecimiento positivo, que coloca a Panamá ante la comunidad internacional otra vez, pero gracias a Dios que no es por asunto de escándalos como sucedió en los últimos cuatro años como fue el caso de los papeles de Panamá y otros que pusieron en jaque mate a nuestro país por la corrupción y las llamadas listas grises, al considerarlo como un paraíso fiscal, sino por la celebración de uno de los eventos más reconocidos por la comunidad católica: la Jornada Mundial de la Juventud.

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Soy creyente y como tal considero que esta visita del papa Francisco a Panamá reviste de mucha importancia, no solo porque se refiera a la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, sino porque con solo la presencia del sucesor de Pedro en Panamá, es una bendición para todos los panameños. Hoy, lamentablemente tenemos una sociedad dividida por motivos de persecución, odios, abusos y venganza, conducta que nos ha llevado a un abismo económico, simplemente por revanchismos. Panamá no requiere que se siga sembrando odio entre los panameños sino que exista la paz, tranquilidad, tolerancia y el saber perdonar.

Ha llegado el momento de cerrar filas y demostrar al mundo entero, a través de los peregrinos procedentes de todas las partes del planeta, que nosotros, los panameños, somos fervientes solidarios con aquella juventud, que está ávida en conocer más acerca de lo que le depara su destino o futuro. Hay que hacer un llamado a la reconciliación nacional, que la paz y la camaradería sean nuestro verdadero norte. Hay que hacer un alto a la persecución, a las campañas tendenciosas y mediáticas que solo causan luto, dolor y división en la sociedad.

Estoy seguro que el papa Francisco pedirá en sus homilías no solo a los jóvenes, sino a todos los participantes en la JMJ, que luchen por alcanzar sus sueños, sus metas, porque este mundo es de todos y todos tenemos la responsabilidad y la obligación de continuar por mejorar la calidad de vida que merecemos. La visita que el sumo pontífice hará al Centro de Cumplimiento de Menores en Tocumen, es una muestra de su afán por ayudar a los jóvenes que en su momento se equivocaron al tomar una decisión muy importante. Y al reunirse en Juan Díaz en la Casa del Buen Samaritano, es su muestra de amor hacia los enfermos y abandonados.

Me uno a esas miles de voces que anhelan que Panamá vuelva por el sendero de la prosperidad, del empleo, de una mejor calidad de vida, porque sin estas condiciones solo habrá un Panamá lleno de pobreza, sufrimientos y una sociedad dividida, en donde la violencia y el crimen organizado seguirá reclutando a nuestros jóvenes para luego someterlos a un futuro incierto y sin esperanza. Aprovechemos la visita del papa Francisco para reforzar nuestros valores espirituales, nuestro compromiso con los niños y jóvenes del país. Imagínense que solo en Metro Park se espera una participación masiva de unos 700 mil jóvenes y otra suma igual o superior en la Cinta Costera. Es el momento propicio para que nuestros muchachos se luzcan y sea un ejemplo para que comiencen a participar también en la vida política de sus respectivos países, porque nuestras naciones merecen nutrirse de sangre nueva y joven en los sistema democráticos.

En resumen, no es recomendable manchar, entorpecer ni mucho menos boicotear un evento religioso de tal magnitud como la Jornada Mundial de la Juventud, por diferencias que existan con los gobernantes de turno. La Iglesia católica requiere del apoyo de todos en estos momentos y lo que está en juego es el nombre de Panamá y no de ningún gobierno o partido político.

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