Mataron al negro bembón

Mataron al negro bembón

Por: Jaime Porcell Investigador y formador político -

El arnulfista de aquellos tiempos sintió el corrientazo. Apenas toca la Hoja de Vida. Con un dejo de rabia, espetó – es uno de esos perredistas que inventó Torrijos y que salió exilado a México. Cerró con un - Jaime, no ves que es un negro. El desplante retrotrajo a este musiqueto aquel: “yo lo maté por ser tan bembón” (Opus cit. Ismael Rivera). Y yo que suponía, aquello de “etnias prohibidas” avergonzaba al arnulfismo.

Casi sentí culpa por proponer a uno de esos graduados en el prestigioso Tecnológico de Monterrey. Yo conocía el pensamiento del ingeniero Mezquita desde aquellas discusiones sobre el Canal a nivel. Aunque él dice no recordarlo, abogó por mí cuando Noriega me mantenía en el exilio.

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Mezquita es de esos a quienes la vida gusta retar. Durante el proceso de contracción del Estado con el presidente Balladares, tocó dejar inconclusa la privatización de un IDAAN ineficiente. En el ´99, con el ambiente crispado por el encarecimiento de los servicios de telefonía y energía privatizados, el gobierno Moscoso lo echa casi como venganza.

El Diálogo del Bicentenario con que el destino desafía a Rafael Mezquita cuenta apenas un puñado de condiciones favorables. Cortizo apuesta a un noviembre menos crispado por su ambiente de fiestas patrias y navidades. El timing calcula “solo” trocar una alta conflictividad cuya presión araña el punto donde estalla, por una explosión de optimismo apelando al ideal de Patria de todos, que como visión propone ir “Cerrando brechas”.

Pedro Miguel González tampoco aspira a poco. Visiona aquel como proceso multiclasista que daría coherencia a la Gestión y devolvería credibilidad a órganos del Estado y Partidos.

Observamos dos principios liberales para conectar sociedad y Diálogo: retomar el proteccionismo torrijista nacionalista en línea con el lema: “Panameño, con orgullo, consume lo tuyo”. Además, impulsar en la base social el colectivismo a través de una ciudadanía participativa, como alternativa a un individualismo hegemónico que la mantiene en el fatalismo del “sálvese quien pueda” y arrodillado ante una tecnología aislacionista.

Una larga lista de amenazas flota. Su potencial desorganizador viene provocando correderas. Y en vez de resolver falencias en una planificación política imprevisora, parecería mejor denunciar como complotados a quienes las advirtieron.

¿Estaremos preparados para mantener la chaveta ante el regreso de un racismo sectario que buscará legitimidad en el pregón “yo lo maté por ser tan bembón”? Buscará el timing para activar reclamos por ineficacias ante amenazas imprevistas del Diálogo que aterricen.

No sé si felicitar o mejor desear “buen salto Rafael”.

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