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Morelos

Morelos

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Roberto Morelos se alejó la noche del viernes del mundo terrenal. El combativo columnista de "Crítica" y comentarista de "Fuego Cruzado" murió en el complejo hospitalario de la Caja de Seguro Social. Llegó por un problema urológico y se contagió de Covid-19. Sus 86 años y los padecimientos de diabetes, lo convertían en un paciente de riesgo frente al virus.

A Morelos lo conocí hace como 20 años. Lo escuchaba con su humor ácido en sus programas radiales. Cuando lanzaba llamadas telefónicas al aire y alguien lo insultaba, Roberto soltaba una carcajada y le pedía al operador "ponchar" el efecto de jalar la cadena del inodoro.

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Creo que llegó a "Crítica" por una herencia de James Aparicio. Publicaba sus columnas en la Estrella de Panamá, cuando James era su director y al salir éste de la decana, se mudó de casa...al periódico sangriento.

Todos los sábados llegaba a Epasa en su largo auto cola de pato para dejar su columna. En la redacción todo el mundo se alegraba cuando veían avanzar a ese gigantón con un particular caminado. Roberto traía pan y dulces para los muchachos.

Hacía una estación de media hora y conversaba con todos. Tenía una broma a flor de labios.

Aparte de comentarista, trabajó por años como asesor de capacitación en el IRHE e INTEL, por ser experto en instrucción y recursos humanos egresado de la Universidad Laboral de Alcalá (España). En el 2002, se enfrentó a Martín Torrijos, por la secretaría general del PRD.

Le decía de todo a Martín. Luego siendo Torrijos presidente, Morelos me comenta: ¡adivina qué me pasó hoy! Voy caminando para ir al supermercado y de un auto alguien baja la ventana y me dice: ¡Señor Morelos, cómo está!. Era Martín Torrijos, me exclamó sonreído y moviendo la cabeza como para expresar que no lo podía creer.

Roberto fue un luchador por mejorar la atención a los asegurados y por su corregimiento Betania. Asiduo permanente a la "peña" del supermercado 99 ubicado en su barrio. Allí todas las tardes con sus compañeros de café tumbaban y ponían gobierno, arreglaban el mundo a su manera.

El deceso de su esposa "Lola" nunca lo superó. Quedó inmerso en una depresión y solo bastaba escuchar las canciones que le dedicaba a la difunta cuando hacía su "Fuego Cruzado", en KW Continente.

Los años y la diabetes le fueron pasando factura, pero mantenía su lucha inclaudicable por lograr una mejor atención a los asegurados. Religiosamente enviaba su columna dominical...ya se había modernizado y las remitía por email.

De vez en cuando llamaba para saludar a los dos la redacción y cuando me pedía algún favor y se lo cumplía, me decía: ¡Juan, nunca cambies! o me hacía reír con su frase: ¿sabes una cosa?: ¡Si tengo otro hijo, le voy a poner tu nombre!

Se nos fue Roberto, no éramos contemporáneos, pero éramos amigos...y duele cuando alguien apreciado se nos va. ¡Desde Crítica te enviamos Roberto, un abrazo en la distancia!

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