Sigue la lucha por fortalecer los programas de resocialización

Los centros penitenciarios del país buscan robustecer sus programas de resocialización para ofrecer oportunidades de trabajo a quienes estuvieron en las cárceles, sin embargo, conseguir un empleo, a pesar de los programas, no es tarea fácil para muchos que vivieron esa etapa.
Los privados de libertad interesados en ser parte del plan de resocialización deben pasar por una evaluación social, psicológica y de comportamiento. Foto / Ministerio de Gobierno.

Los privados de libertad interesados en ser parte del plan de resocialización deben pasar por una evaluación social, psicológica y de comportamiento. Foto / Ministerio de Gobierno.

Por: Ana Cristina Quinchoa -

Estar recluido en un centro penitenciario no es, ni de cerca, una experiencia agradable. No lo es durante, y mucho menos después, cuando se tiene que enfrentar la realidad de comenzar la vida prácticamente desde cero y luchar por ganarse la confianza; si se decide ser una mejor persona. Precisamente, para lo anterior existe la resocialización, un proceso para aprender conductas que permitan la capacidad de adaptación dentro de la sociedad y se logre (como muchos desean) una oportunidad laboral.

Sin embargo, en ocasiones, el panorama no es tan simple para quienes cumplen una condena y salen a la calle. Las propias autoridades han admitido en su momento que la población penitenciaria de nuestro país ha sido un grupo prácticamente olvidado por nuestra sociedad, con problemas crónicos, entre ellos, la dificultad en la resocialización.

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El reconocido exboxeador y excampeón unificado de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), Celestino “Pelenchín” Caballero sabe perfectamente de qué se trata. Caballero fue privado de su libertad por dos años, debido al delito contra la seguridad colectiva (posesión de drogas), y sobre el tema, dice que en Panamá aún falta mucho en el aspecto de resocializar.

“Eso no existe en Panamá. Solo con privar a alguien que sale y cumple su proceso y el no poder tener ningún empleo gubernamental, no es reformar a las personas. El Gobierno debería tener lugares para emplear a aquellas personas que cumplen sus condenas como tal”, comenta.

Según “Pelenchín”, los aspectos que se deben mejorar dentro de las cárceles son la atención por parte de los custodios y policías, y principalmente, incentivar y orientar más a los reclusos, brindar charlas de motivación y superación personal para que les den a entender a los detenidos que allí no acaba su vida.

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Y es que, para los privados de libertad reintegrarse a la sociedad y/o conseguir trabajo luego de estar tras las rejas, no es una situación sencilla, incluso si tienen educación o si han pasado por cursos de resocialización.

De acuerdo con Cinthia Novoa, directora del Sistema Penitenciario (DGSP), se trabaja con el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel) para fortalecer las aptitudes para el escenario laboral. A juicio de Novoa, no se le deben cerrar las puertas a las personas que ya han cumplido su condena, sino que se les debe permitir ser colaboradores de la sociedad panameña, por lo que es necesario acoger a estas personas, que con mucho esfuerzo trabajan dentro de los centros penitenciarios con miras a poder reintegrarse sanamente a la sociedad.

Uno de los objetivos principales del Sistema Penitenciario, de acuerdo con el artículo 6 de la Ley N°55, que reorganiza el Sistema Penitenciario, es lograr la resocialización del privado o la privada de libertad sobre la base de un adecuado tratamiento penitenciario, el trabajo, capacitación, educación y la práctica de valores morales.

En la labor también trabaja la Fundación Jesús Luz de Oportunidades que ofrece a jóvenes sancionados bajo la ley penal, un programa de reinserción social basado en valores y una preparación en diferentes oficios. De acuerdo con datos de la fundación, cuentan con 1,238 casos exitosos de reinserción laboral y mencionan a más de 88 empresas privadas en el país que ofrecieron la oportunidad.

“Un trabajo de dos”

Se sabe que los programas de resocialización existen dentro de los centros penitenciarios, pero Novoa dice que se trata de “un trabajo de dos”, porque la institución aporta con brindar este tipo de cursos, pero también depende de la voluntad que tenga el privado de libertad de pertenecer a dichos programas.

“Integrarse al plan de resocialización se hace de manera voluntaria por parte del detenido, también hay que tener en cuenta que el Sistema Penitenciario también aporta y trabaja para los privados”, explica.

De hecho, todos los detenidos tienen derecho a participar, pues Novoa dice que apenas un reo ingresa a un centro penitenciario, inmediatamente pasa por una evaluación social, psicológica y de comportamiento, con el fin de conocerlo a fondo durante su estadía en el penal, y conocer su perfil personal, análisis que son de utilidad a la hora de querer pertenecer a los programas de resocialización.

Después del proceso de evaluación, en caso de ingresar o ser aceptados a los programas, se les capacita, se le da seguimiento y acompañamiento a cada uno de los privados de libertad.

Los programas

Desde el Sistema Penitenciario aseguran que trabajan fuerte en los programas de resocialización, sobre todo para quienes tienen la voluntad, un buen comportamiento y muchas ganas de salir adelante y terminar sus estudios.

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Programas educativos en formación premedia, media y universitaria, programas laborales: intramuros y extramuros y productivos, son algunos de los cursos que se imparten en los centros penitenciarios del país con el objetivo de incentivar a los detenidos a terminar sus estudios para que salgan preparados al mundo exterior cuando terminen sus debidas condenas, y de esta manera se reintegren rápidamente a la sociedad. Además, tienen el beneficio de conmutar la pena de cada recluso.

Más interesados

De acuerdo con Novoa, la cifra de quienes se interesan en ingresar al plan de resocialización ha aumentado en medio de la pandemia. En el 2020 hubo 2856 privados de libertad integrados a programas educativos, pero ahora, hasta el mes de junio de este año, la cifra aumentó a 3256. En el aspecto laboral ocurrió lo mismo, pues se inició con 2551 en 2020, pero hasta junio de 2021, los números ascendieron a 2702.

El aumento, según Novoa, se debe realmente a las ofertas que se les están dando.

“Es voluntario, si desean estudiar se les incentiva, porque ellos saben que eso los ayudará a crecer, en sus valores y a conmutar la pena”.

Uno de los ejemplos que mencionó la directora de la institución, es el proyecto de viveros que se está llevando a cabo en la Nueva Joya, además del programa de producción de arroz, este último, considerado como el primer proyecto de este tipo que realiza el Sistema Penitenciario de Panamá junto al Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) a nivel de Centroamérica.

Los programas de educación ambiental son los que predominan, gracias al Acuerdo de Cooperación Técnica que se estableció en marzo de este año entre el ministro de Ambiente, Milciades Concepción y la ministra de Gobierno, Janaina Tewaney, para que los privados de libertad apoyen en la construcción de viveros, programas de reciclaje, manejo de sólidos y elaboración de abono orgánico.

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