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¡Un sepelio... muy alegre!

¡Un sepelio... muy alegre!

Por: Redacción / Crítica Impreso -

Fue el sepelio más alegre que se recuerde en El Chorrillo. Tan pronto el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa despidió la misa con el tradicional: "¡podéis ir en paz!", se soltó la rumba en la parroquia de Fátima, donde se oficiaron las honras fúnebres de Pedro Isidro Rodríguez Jiménez, pero a ese difunto nadie lo conocía... todo el mundo sabía quién era "Sorolo".

En la calle 26 del barrio mártir, en una parroquia en cuyos predios hay que sortear algunas aguas negras, desde la 1:00 p.m. de ayer se reunieron familiares, amigos, vecinos, músicos como Ismael Rivera hijo, Camilo Azuquita e integrantes de “La Kshamba”, para rendir tributo y ritmo a un hombre apreciado, y para acompañar a su viuda Fabiola.

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Era como recrear un tributo a El Nazareno. Una guardia de honor de hombres con chalecos integrantes del templo del Cristo Negro de Portobelo custodiaban el féretro del fallecido de 81 años.

El sermón de monseñor Ulloa estuvo cargado de anécdotas. El prelado recordó que "Sorolo" era un chorrillero de la calle 21, cuya devoción por el Cristo Negro logró internacionalizar ese amor por El Nazareno.

En su homilía -que fue interrumpida tres veces por los aplausos-, el arzobispo resaltó que "Sorolo" fue un hombre solidario con los pobres. En su fonda "Mi Jaragual", en calle 25, otorgó comida caliente a niños, mujeres y hombres, lo que demuestra que era un buen cristiano, exclamó Ulloa.

"Hablar de Sorolo es hablar de la devoción de Ismael Rivera por el Cristo Negro. Él fue quien por primera vez -allá en 1970- introduce a Ismael en la devoción de El Nazareno de Portobelo. El cantante dobla las rodillas y ese Cristo lo libera de las garras de su adicción (a la heroína) y éste agradecido compone esa hermosa canción", relató el jefe de la iglesia panameña.

Ulloa estaba emocionado y el ambiente lo ayudaba. El Nazareno no es un "Cristo de Maleantes", sino de los cantantes de salsa... allí están Ismael Rivera, Celia Cruz, Cheo Feliciano, Gilberto Santarosa, expresó el arzobispo y nuevamente arrancó ovaciones.

Una vez terminada la misa, un grupo de 10 hombres con hábitos de El Nazareno cargaron el féretro de "Sorolo" en hombros, y allí mismo dentro de la iglesia, por las bocinas del templo de Fátima, sonó el himno de los 21 de octubre: "¡Yo estaba en un vacilón/yo estaba en un vacilón/fui a ver lo que sucedía... El Nazareno me dijo que cuidara a mis amigos!"

Alguien pedía calma para leer las resoluciones, pero fue imposible. Como se pudo se dio lectura a un bello mensaje de su viuda, recordando pasajes de su amor con Pedro Rodríguez.

El ataúd con los restos del difunto elegantemente ensacado se meneaba en el aire. Había olor a incienso, la gente bailaba en la pequeña parroquia que para finales de 1989 sirvió de refugio de los chorrilleros tras la invasión norteamericana.

El cortejo avanzó por la estrecha calle 26. Adelante iba una 4x4 oscura cargada de bocinas que disparaba todo el repertorio del "Brujo de Borinquen". Lo seguía una carroza fúnebre blanca y luego los hombres que cargaban el féretro con pasos hacia adelante y hacia atrás como en la procesión del Cristo Negro. Era como un baile en la calle, bajo un sol inclemente.

A poco metros del templo, en los predios de unos edificios esperaba la famosa comparsa "Los Campesinos de El Chorrillo" que al ritmo de campana y timbal, alborotó más el ambiente. "¡Sorolo, aquí está tu gente, Sorolo, aquí está tu gente!", gritaban los vocalistas para electrizar el ambiente, mientras jovenes, viejos y niños brincaban y contoneaban sus cuerpos.

Ya en la avenida A, casi frente al parque de los Aburridos, la romería hizo un alto ante el viejo local donde por décadas operó "El Jaragual" de Pedro Rodríguez. Fue como la despedida de "Sorolo" al negocio de toda su vida.

La gente seguía. Ya casi se olvidaban que era un sepelio de gente pobre. Uno de los que cargaba el féretro miraba al cielo y clamaba por lluvia para refrescarse el cráneo que le brillaba por el sol y el fijador para el cabello. El hombre se daba ánimo él mismo: "¡pa'lante, pa'lante como el elefante!", repetía, haciendo alusión a uno de los pregones preferidos por el cantante Ismael Rivera.

En el trayecto observamos a la exdiputada Mariela Jiménez tirando pasos al ritmo del tema "Mi Jaragua": "¡qué inmenso, qué inmenso!" Estaba radiante en su trayecto hacia el cementerio Amador. ¡Ecuajey!

A pocos metros de la entrada del camposanto entró en función Ismael Rivera Jr. Habló algo de boca a oído con el abogado Gonzalo Moncada Luna, se acercó a los muchachos de los Campesinos, pidió la campana y se prendió la vaina. "¡Sereno estaba Sorolo, Sorolo estaba sereno", vociferaban los cantantes y los músicos hacían una descarga que invitaba a irrespetar los predios del cementerio Amador.

Ya adentro del panteón, el féretro fue depositado en la tumba Número 15. A su derecha está la de otro grande de El Chorrillo: Rommel Fernández y a su izquierda una asignada originalmente a los restos del general Omar Torrijos.

Un grupo de hombres tiraba pala. La viuda Fabiola se acercó para dar el último adiós al hombre de su vida. Un miembro del comité de la Iglesia de San Felipe de Portobelo fue el único que habló y reveló que "Sorolo" le había regalado una túnica al Cristo Negro, que no había sido estrenada y también un hermoso collar.

Luego llegó el doloroso momento de sellar con tierra la tumba. Un niño de unos 7 años ayudó a tirar el material sobre el féretro de Pedro Isidro Rodríguez Jiménez, al igual que un señor que tenía el suéter del exjugador italiano Del Piero.

Un joven vestido con los atuendos de los devotos de El Nazareno -que a lo largo del cortejo y en la propia iglesia de Fátima se le notó afectado por el deceso- retiró de la tumba de tierra roja, una esfinge del Cristo Negro y una mujer le reclamó: "¡déjale el Santo, mira que el muerto te lo reclamó!", pero el hombre exclamó que no había problema: "¡Sorolo era como mi hermano!"

Poco a poco la gente fue saliendo. Solo frente a la tumba quedaron tres músicos de “La Kshamba”, que esperaron que terminara todo el tumulto para darle su homenaje a Sorolo. Fue una versión en salsa del "Pescador de Hombre": "Señor, me has mirado a los ojos/Sonriendo has dicho mi nombre/En la arena he dejado mi barca/ Junto a ti buscaré otro mar...dónde está Sorolo...era el hijo del Naza...Sorolo cuánto te voy a extrañar".

Así concluyó el sepelio del entrañable amigo de Ismael Rivera, pero hoy seguirá en Plaza Amador, desde las 3:00 p.m., el homenaje de un pueblo a un hombre que por su buen corazón se ganó el cariño de muchos.

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