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Viaje hacia el punto más alto de Panamá

Ya pasadas las tres de la tarde nos topamos con una subida empinada en donde se encuentra una especie de soga o cable que te ayudara a subir hasta la parte que llaman el cráter

Por: Juan Demetrio Pritsiolas / Crítica -

La idea de subir el volcán Barú surgió a raíz de querer hacer algo distinto y de conocer más allá de lo que experimentamos normalmente en la ciudad, poder observar la naturaleza y los paisajes que nos pueden ofrecer nuestro país. Por ello decidimos, compañeros de universidad y mi persona, emprender esta excursión. Para llegar al punto más alto de Panamá escogimos ir por la ruta de Paso Ancho puesto que se aprecia mejor los paisajes a medida que vas realizando el recorrido y la inmersión con la naturaleza es mucha mayor.

Nuestro recorrido hacia la cima del volcán inició a las siete de la mañana desde la caseta de ANAM en donde todos los aventureros que desean realizar el recorrido deben firmar un libro especificando los datos de cada uno y la hora en la que inician su camino. Esto es una medida de control en caso tal ocurra algún percance, se conoce la cantidad de personas que ingresaron y cuánto tiempo llevan dentro del sendero. Es importante mencionar que está prohibido realizar esta excursión sin contar con algún guía ya que debido a las mismas características del camino fácilmente se pueden llegar a perder aquellas personas que no conocen el trayecto completamente.

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Una vez firmado el libro empieza el camino por unas praderas para poder ingresar a la sección del bosque, dentro de él debido a la gran cantidad de árboles la claridad de un día soleado no se puede apreciar. Al cabo de un par de kilómetros se llega a una especie de claro el cual se le conoce como el campamento de las brujas, en este sitio es posible observar una serie de troncos de madera ubicados de tal forma que parecieran asientos.

Al cabo de unas horas ya habiendo escalado varios segmentos conformados por raíces y rocas se llega a la sección de la ruta 45, dicha parte está compuesta de grandes rocas y ofrece una vista de las primeras montañas que ofrece este recorrido. Alrededor de las diez u once de la mañana salimos de la sección del bosque para comenzar con una de las partes, según nuestro parecer, más difíciles del recorrido debido a que en ella inicia un largo ascenso pedregoso y arena lo cual dificulta la escalada, además de ciertos barrancos o vacíos que te hacen consciente de qué hay que ir con precaución. Como ya hemos salido del bosque no hay árboles que nos brinden sombra, lo que conlleva a presenciar un calor considerable a pesar de la brisa que recorre las montañas vecinas.

                            

Ya pasadas las tres de la tarde nos topamos con una subida empinada en donde se encuentra una especie de soga o cable que te ayudara a subir hasta la parte que llaman el cráter. Ya una vez que nos encontrábamos en dicha parte se lograr apreciar a lo lejos antenas y la cruz, la cual es nuestro objetivo final. Justo antes de iniciar nuestro último ascenso se encuentra un letrero que indica que solo faltan seiscientos metros hasta la cima. Al cabo alrededor de una hora aproximadamente llegamos hasta dichas antenas y dudando bastante de aquel letrero que señalaba que solo faltaban seiscientos metros, pero emocionados al ver el letrero diciendo “Cima del volcán Barú 3475 metros sobre el nivel Del Mar” culminando así nuestro ascenso a las seis de la tarde.

La increíble vista desde la cima del punto más alto de Panamá es indescriptible y las fotos no le hacen justicia alguna, pero, para que se hagan una idea, se podía observar que nos encontrábamos por encima de las nubes y poder ver ambos océanos que rodean a nuestro país y muchas otras increíbles vistas que deben ser observadas solo en persona. En cuanto el clima a medida que se hacía más de noche asimismo la temperatura iba en descenso rondando los tres grados Celsius e inclusive a eso de la media noche cayó granizo haciéndonos pensar que la tienda de campaña se iba a romper. 

Luego de una larga noche debido al inmenso frío que hacía salimos a observar el amanecer, el cual hacía que tan largo y exhaustivo viaje valiera la pena y te hiciera volver a querer subir para poder observarlo nuevamente. Posterior a tan increíble experiencia comenzamos el descenso como a eso de las ocho y media de la mañana, el cual fue menos exhaustivo que el ascenso pero que se tenía que ir con mucha más precaución debido a que aquellos acantilados que tenías de espalda en la subida ahora estaban en frente y la posibilidad de resbalarse era mucho mayor. Al cabo de varias horas y kilómetros llegamos hasta la caseta de ANAM culminando así tan inolvidable experiencia que recomiendo a todos que la lleven a cabo.

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