¡Viva El Naza!. Fe y devoción a pesar de la pandemia

Tomás, un devoto del Cristo de Negro, pidió que “que se lleve el virus lejos del mundo” . No pudo caminar desde Mañanitas como solía hacerlo por 30 años, pero su fe y devoción sigue firme.
¡Viva El Naza!. Fe y devoción a pesar de la pandemia

Por: Redacción Crítica -

El Cristo Negro de Nazareno está de fiesta hoy, 21 de octubre. La fiesta en honor a este milagroso santo este año es diferente con la llegada de la pandemia de coronavirus en Panamá y el Mundo.  Por primera vez en más de 200 años, la imagen de “El Naza” no recorrerá el pueblo.

El pueblo de Portobelo, provincia de Colón, epicentro de la fiesta religiosa, está casi vacía. Hay control policial y sanitario estricto para cumplir con las normas de bioseguridad que exige el Ministerio de Salud. Las fondas, pequeños negocios y el servicio de transporte  público han sido afectados.

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Son pocos los feligreses que han podido ingresar y llegar hasta la iglesia  para rendir agradecer al Nazareno por los favores recibidos.  De acuerdo con el alcalde de Portobelo, Carlos Chavarría, se han tramitado más de 7 mil salvoconductos para residentes y peregrinos.  Añadió que hay puestos de control en distintos puntos para que la actividad religiosa se desarrolle con orden y cumpliendo con las normas.

En las dos eucaristías que se celebrarán en el día, a las 11 de la mañana y 6 de la tarde, solo podrá participar directamente unas 90 personas en el templo.  Los demás devotos podrán conectarse a través de las redes sociales.

Las autoridades eclesiáticas aseguran que  a pesar la pandemia...  la fe, devoción y el agradecimiento a este santo se mantiene vivo.

Tomás, un devoto  del Cristo de Negro, pidió que “que se lleve el virus lejos del mundo” . No pudo caminar desde Mañanitas como solía hacerlo por 30 años, pero su fe y devoción sigue firme.

Cuentan las leyendas

Los orígenes de la presencia de esta imagen, en Portobelo, aún siguen siendo desconocidas históricamente. No obstante, los habitantes del lugar relatan tres leyendas que sostienen las razones de dicha presencia:

La caja y la tormenta: Algunos cuentan que un barco que se dirigía a Cartagena de Indias, cada vez que intentaba zarpar de Portobelo se desataba una violenta tormenta, obligándoles a regresar al puerto. En el quinto intento, la tripulación estuvo a punto de naufragar, por lo que decidieron aligerar la carga tirando por la borda una enorme y pesada caja que llevaban en su bodega. Luego de esto el barco pudo navegar sin problema. Seguidamente unos pescadores encontraron la caja y cuando la abrieron vieron que era una imagen del Nazareno, llevándola luego al pueblo, la colocaron en la iglesia.

La caja y la epidemia: Otra de las leyendas cuenta que unos pescadores encontraron una caja flotando en el mar durante una epidemia de cólera, dentro estaba el Cristo y lo colocaron en la iglesia. Casi inmediatamente la epidemia se acabó y los enfermos se recuperaron rápidamente.

La equivocación de imágenes: Una tercera leyenda asegura que la Iglesia de Taboga (una isla del Pacífico), ordenó la imagen de un Jesús Nazareno a un proveedor en España. Por otra parte, la Iglesia de Portobelo le solicitó al mismo artesano una imagen de San Pedro. Se produjo una equivocación al enviar las imágenes, y el San Pedro terminó en la Iglesia de Taboga y el Nazareno en Portobelo. Todos los esfuerzos que se hicieron para tratar de subsanar la equivocación resultaron infructuosos, pues siempre ocurría algo que impedía al Nazareno abandonar el pueblo. De esta manera la comunidad interpretó las dificultades como un mensaje divino y desistió de la idea de intercambiar las imágenes. Incluso en los gozos dedicados a la devoción cantan:"...En Portobelo te quedaste, como signo de tu amor..." Es lógico que todas estas devociones estén acompañadas de ciertos mitos, que para la gente es como norma de vida, de tal manera que en las conferencias episcopales, los obispos de cada diócesis y en casos más concretos, los párrocos deben permanecer en silencio, frente a los mitos de la gente con respecto a las devociones, que como tales son aceptadas por la iglesia

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