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Al menos, son tiempos de ciruelas

Por: Periodista -

Este año 2020 tan incorregible, en lo que es Bermejo, Copé, Sagrejá, Piedras Blancas, Las Tibias y Marta de Coclé, nos quedaremos sin naranjas y limones antes de tiempo, pues en diez años no había observado a tantos camiones repletos de las conocidas andaluzas, las injertadas y las de jugo. No he escuchado al MINSA pronunciarse sobre el beneficio de las chichas de estos cítricos para paliar la pandemia que nos agobia, pero lo cierto es que la gente de a pie los está consumiendo casi que con la misma frecuencia que lavarse las manos a cada rato.

Gracias a DS que ante la segura y pronta desaparición de la chicha de naranjas que se aproxima, la que sabemos nos premió con un galón de chicha de ciruelas micoyas…¡ Que ricura! Hace dos mediodías, mientras preparaba un pequeño surco para plantar ajies criollos, fui tomado por sorpresa con la entrega de un helado refresco de estas ciruelas (“cirguelas” como dicen en el reciente poblado Guamí de San Benito cerca de la mina en coclesito), como estaba tan sediento no tuve oportunidad de dar con humildad las gracias porque presentí que la autora de la chicha sufre resignada por por el manifiesto peligro mundial de perder la vida y entonces cuando se fue con carita de tristeza sin pronunciar, volví a ella los ojos blanda y amorosamente como suplicándole a DS que nos favorezca y ampare a los que no necesite todavía en el portal de San Pedro de esta súbita y muy extraña tragedia que acomete también a los panameños.

Y lo mejor de las pasajeras chichas de Micoya es que ya no tendré que barrer las frutas que caen, cada dos días a pesar de su aroma tan penetrante e insidioso. En vez de dejar las ciruelas a los pájaros a las zorras trasnochadoras o botarlas, recogeremos las suficientes para congelar la pulpa como reserva de refrigerios mientras nos inunde la pronta y prometedora avalancha de mangos que teñirán nuestros patios y atraerán con su miel tanto a las abejas africanas como a las avispas corre pendejos y a las tenebrosas busca piojos.

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A la ciruela micoya la conocí allá en Villa Rosario Capira como fruta de quinta y como aderezo especial para los frijoles Chiricanos; pero la reina de esta variedad lo seguirá siendo la ciruela traqueadora, aunque los expertos en machete decían que la micoya con sal, solo era gusto de las mujeres embarazadas. Sin embargo me ha tocado observar cómo en las capitales de las provincias las “billeteras” sin lucir preñadas se comen delas dos clases hasta 30 ciruelas cada una de ellas. Unas con sal y las otras tal como vienen en los paquetitos de plásticos lavadas de los huevecillos de mariposas. En estos tiempos Santos me hace gracia recordar uno de los anécdotas del doctor Honoris causa: Rubén Darío Campos quién relató en una cantadera de décimas en el Jardín cosita Buena, como allá en Las Minas de Herrera un anciano que fumaba pipa, mató a un patito sin intención de hacerlo que pasaba con la parvada al expulsar de su boca una pepa de micoya hirviente de la primera cucharada de su guacho de frijoles también humeante.

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