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Así no se le pega a un viejo

Por: Por: Julio César Caicedo Mendieta -

Regresé a la ciudad por la promesa que me regalarían el libro Gabo periodista y no fue así. Desde hace ocho años, no me hacen bajar del campo en donde vivo. Pero recibí por Gmail una invitación desde La Estrella de Panamá, para que estuviera el 8 de marzo a las 7:00 p.m. en el Sheraton Grand Panamá, con motivo de la presentación del libro “Gabo periodista”, antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez, edición Panamá. La parte final del convite decía que los asistentes serían registrados porque recibirían un ejemplar gratuito. Esta parte final de la invitación fue la que me motivó a preparar el viaje.

A las 4:00 a.m. del 8 de marzo comenzó mi descenso desde Marta, hasta el hotel Dos continentes donde dejaría mi “chiva”, calculando que regresaría de la ciudad a las doce de la noche, tomé un ómnibus desde Penonomé hasta la gran terminal para entonces esgrimir unas tarjetas que me prestaron para el metrobús y el trencito de moda. Aproveché para visitar al odontólogo y cobrar unas cuentecitas pendientes para entonces llegar al Sheraton antes de las siete de la noche.

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La entrada en aquel lujoso salón me impresionó fuertemente porque me recordó aquella fiesta que organizamos un cura y yo, a los ancianos de Palo Seco: Rencos con bastones, calvicies y seres demacrados como conservados en frascos de alcohol con fieros alacranes muertos. Me dije DS mío “Que mala vida se dan estos pelaos de ahora”.

Mi entusiasmo y atención acrecentaron cuando presentaron a los tres señores que hablarían en el conversatorio. Dos colombianos y el panameño Eduardo Ritter. El primero que habló fue el director general de la fundación G.G. Márquez, el escritor Jaime Abello, que me mandó el ánimo a las cutarras al inicio del primer asalto de su intervención, al decir que solo habían recibido 30 ejemplares del libro Gabo periodista. Enseguida me acordé de mi abuelo Pedro Caicedo, colombiano que vino al istmo con la construcción del canal y que en su lecho de muerte me dijo: “Mijo, nunca haga negocios con mis paisanos”. La segunda que participó fue la escritora María Duzán, compañera de trabajo de García Márquez , que lo único que aportó de nuevo sobre Gabo, fue que el hombre de Aracataca le tenía terror a los aviones. El que salvó el panel fue Ritter, que habló de interesantes anécdotas de Gabo en Panamá principalmente el papel que jugó en los tratados por la devolución del Canal y su relación con Torrijos.

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