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Carnavales y turismo

José Raúl Mulino Q. exministro de Seguridad

Por la fecha, creo oportuno unas reflexiones sobre la festividad que dicen es “lo único que los panameños tomamos en serio”.

De la época en que yo carnavaleaba en serio a la fecha las cosas han cambiado mucho. Del Carnaval interiorano en sus distintas provincias, cada una con su estilo, hemos avanzado en la celebración capitalina con la consiguiente inyección económica a la economía panameña en general. De los intentos de retomar el Carnaval en la Central que Pedrito eternizó, pasamos a la Cinta Costera que se promociona local e internacionalmente con fuerza y participan con intensidad las grandes cadenas televisivas y programas de fin de semana tipo La Cáscara, A lo Panameño, etc., así como el gran pueblo que se beneficia de las ventas en los distintos puestos de comida y bebidas. Una fiesta bien cuidada en la que, al igual que en el interior, los estamentos de seguridad dan la milla extra para cuidarnos en todo sentido. Sin embargo, faltan cosas a mi juicio.

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Leyendo a los actores del sector turismo, hoteleros, la oferta en camas de hotel si mal no recuerdo llegan a 20 mil camas de hotel en la ciudad capital y de 2010 al 18 el presupuesto oficial ronda los $15 millones. La expectativa este año es de 40 mil turistas que ojalá se haya alcanzado. No obstante, conversando con amigos del sector, proyectan una ocupación de 30%, lo cual no se compagina con la magnitud del gran evento y a la ocupación de enero que fue mayor. Extraño, pero parece ser la realidad.

No obstante, ¿qué se le ofrece al turista que solo viene a la capital? ¿Guaro y campana? Cinta Costera para el culeco, que muchos quizás no entienden y hasta atemorizan a varios y, en la noche, más Cinta Costera con desfile y música bailable. Eso está bien. Pero ¿soporta 4 días el turista ese tren de farra? Unos sí y otros no. Pero, ¿qué más se les puede ofrecer? He allí la ausencia de planes si nos comparamos con otros destinos que son sinónimos de Carnavales en grande. No somos Río de Janeiro, ni Nueva Orleans, ni las ciudades colombianas tradicionalmente conocidas por las fiestas. Siento que a Panamá hay que darle más promoción, oferta u opciones al visitante.

Viajar por carro a Las Tablas, Chitré o Penonomé, ciudades cuyos Carnavales son emblemáticos, es un imposible. El tranque en carretera mata el intento. ¿Shopping? Puede ser, pero no conozco si en la época se vende mucho en tiendas. Pero me parece viable con el apoyo del Gobierno, que las aerolíneas usen los aeropuertos de Río Hato, Chitré, Santiago y David para ofrecer otros destinos al turista con paquetes propios de la temporada de Carnaval, sea por el día o por dos, cosa que puedan salir de la ciudad, que quizás les cansa, luego del segundo culeco. Así, habrían destinos en Carnaval que no solo son jolgorio, pero que al final se benefician también del dinero en beneficio de otros sectores que tienen mucho que ofrecer. Además, en esas ciudades con aeropuertos también hay Carnavales de otro tipo que pueden interesar a los más fiesteros. Son ideas sueltas que se me ocurren viendo las quejas de la realidad.

Turismo es una gran inversión-país. Sin duda hemos avanzado en ciudad, playas, montañas, folclor, pero aún el destino amerita más coherencia e insistencia. Cuesta dinero al Gobierno, cierto. Pero es una industria que puede posicionarse en serio más allá de Carnavales y que genera riqueza y empleos bien remunerado en todo el país. Panamá tiene que hacer valer su posición geográfica en otras áreas adicionales al transporte, Canal y logística. Turismo, sin duda, es una manera de expandir los beneficios constantes.

Que terminen de pasarla bien.

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