Cuando Cristo se “monstruoseó”

Cuando Cristo se “monstruoseó”

Por: Luis Enrique Morán -

¡Se “emberracó”! No tenía el cuero para repartir rejo, pero lo armó y los “cuereó”. Los echó con todos sus “chécheres” y animales. Les regó el dinero y les volcó las mesas. Ocurrió, cuando Cristo se “monstruoseó”.

Las nuevas generaciones usan el término “monstruoseó” para referirse al hecho en el cual una persona estalla. Pero, no estamos ante cualquiera persona, estamos ante Jesucristo, quien no solamente es verdadero Dios, sino también verdadero hombre. Es decir, este hombre se indigna y también se “emberraca”.

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El incidente tampoco ocurrió en cualquier lugar: “Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado.’” (Jn 2, 15-16).

Podemos criticar el “negocio”, en el cual han convertido a los templos, muchos líderes religiosos [ninguna religión escapa a esta tentación] y ni hablar de los dirigentes de otras estructuras creadas para supuestas obras de “misericordia”, sin embargo, quiero que nos centremos en el templo de nuestra propia vida, porque la suma del templo de nuestras propias vidas se refleja en esas estructuras externas.

¿En qué he convertido el templo de mi vida? ¿Cuáles son esos valores inestimables que he negociado? ¿Con cuáles animales [entiéndase situaciones nocivas] y basura he llenado mi templo? ¿He dejado de escuchar la voz de mi consciencia o la he callado? ¿Qué necesito limpiar y botar de mi templo? ¿Tengo la suficiente consciencia para hacer la limpieza o necesito que Cristo venga a ponerme todo “patas pa’ rriba”? Y si esto último ocurre, ¿cuál es mi actitud? ¿Coopero con Cristo en la limpieza o tengo la osadía de reclamarle?

“Los judíos entonces le replicaron diciéndole: ‘Qué señal nos muestras para obrar así?’. Jesús les respondió: ‘Destruyan este Santuario y en tres días lo levantaré.’ Los judíos le contestaron: ‘Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?’. Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. (Jn 2, 18-22).

Lo que resiste, persiste. No pongamos resistencia a que Cristo purifique el templo de nuestra vida y lo reconstruya con su resurrección en nuestro corazón. Hagamos de nuestras vidas un templo digno donde pueda habitar Dios con nuestro verdadero yo…

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