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De Cité Soleil a El Chorrillo

Por: Julio César Caicedo Mendieta

La primera y última vez que fui al único país en el mundo que profesa en libertad la religión de la miseria, regresé al avión de Copa y también vomité por primera vez en un “jet”. La vida de uno cambia de algún modo al caminar por las calles llenas de mojones de perros hambrientos de Cité Soleil; ese recuerdo miserable de Haití con seres humanos apelotados reclamando dádivas lo había borrado de mi mente, recostándome en silencio sobre las lajas de piedras en la cordillera del cerro Trinidad observado por horas y con las manos en la nuca el maravilloso planeo de los gallotes.

Bueno, esa pesadilla volvió a mi vida el 28 de agosto de los corrientes aquí en Panamá City, cuando la televisión pasó escenas de un montón de personas, supuestamente de El Chorrillo, apretujadas reclamando promesas de lo que en ese barrio nombran como “mi cena”, “mi jamón”, “la paila”. En esas tomas solo faltó lo que desde hace siglos utilizan en Haití para replegar a las masas hambrientas, el “fouet”, que es un látigo que supera al aparato eléctrico que utilizan los ganaderos en los encierros. Esta vez no vomité las tripas de la indignación, pero tampoco me tomé el caldo de espinacas con frijoles torcazos y trocitos de chorizos chameros que me prepara la Negra cuando hay platita.

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Si nosotros los que tenemos sexto grado permitimos que este tipo de corrupción utilizado por los parásitos más crueles de los panameños pobres, como lo son un número plural de papagayos políticos retóricos y mentirosos, estamos camino a lo que se ve en pleno siglo 21 en Cité Soleil, y no estamos muy lejos de esa mojonera. Aquí cada vez hay más gentes débiles que creen en brujería, que son explotados por “brujos” colombianos, chamanes de ratrojo y tiradores de la baraja, existiendo una guía como el amor de DS y hasta la oportunidad de hablar con los creyentes del profeta árabe y hasta con los zancudos israelitas. Por amor a DS, salvemos a estos panameños infectados por la ignorancia que aprovechan ciertos políticos con sus profecías chuecas.

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