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Diálogo

Por: Redacción -

La oposición de manera diplomática ha rechazado la convocatoria a un diálogo con el gobierno que trata de gestionar el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa.

Se argumenta que no tienen confianza en el Ejecutivo y que prefieren esperar el mensaje que debe presentar el domingo el mandatario Ricardo Martinelli ante el pleno de la Asamblea Nacional, en ocasión del inicio de su cuarto año de gestión.

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Si bien puede haber razón para tener dudas, lo cierto es que el mediador no es cualquier perico de los palotes, sino el máximo jerarca de la Iglesia Católica que no permitirá que se le tome de tonto en una iniciativa de mediación en busca del bien para Panamá.

A un diálogo se debe llegar con amplitud y sin pretender imponer posiciones. Además debe haber una representatividad equitativa en la mesa de conversación y no pretender aplastar al adversario con un número plural de delegados, lo que a la postre sólo llevaría la iniciativa al fracaso.

También se debe entender que existe una administración que llegó al poder mediante el voto popular y que en todo caso el diálogo sería una instancia para lograr acuerdos en temas de Estado y no para cogobernar el país.

Así las cosas, a primera instancia pareciera que no hay intención de diálogo, sino que los propósitos de algunos actores son otros. Sin embargo, se olvidan que no se pueden adelantar los tiempos y que los intereses de Panamá están por encima de los apetitos e intereses particulares.

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