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Horror

Por: Milcíades Ortiz

Los ojos estaban abiertos de asombro.Y algunas bocas semiabiertas. Varios aguantaron la respiración. Éramos profesores, estudiantes y administrativos parados frente a los televisores. No podíamos creer que lo que veíamos era verdad, y no una película de ficción. Ante nuestros ojos un enorme avión chocó contra una de las lujosas Torres Gemelas de Nueva York, EE.UU. A todo color apareció una nube de fuego, cuando el avión se clavó en el edificio. No se pudo evitar un grito de horror. Varias personas recorrían los salones de la Universidad de Panamá, anunciando el terrible acto de terrorismo, cometido en uno de los sitios de mayor interés económico y turístico norteamericano. Se olvidaron las clases, para ser testigos del acontecimiento que más de quince años después todavía estremece a millones de personas en el mundo. Pero el horror seguiría.

Minutos más tarde otro avión civil convertido en bomba terrorista era lanzado contra el otro edificio. Todas las televisoras del mundo suspendieron su programación, para divulgar el mayor acto terrorista cometido en EE.UU. Más noticias indicaban que un nuevo avión había chocado contra la sede de las fuerzas armadas estadounidenses. Tiempo después se supo que un cuarto avión, fue controlado por los pasajeros que evitaron que los terroristas árabes lo estrellaran contra otra importante edificación. Por días el mundo estuvo en suspenso. Los protocolos de defensa de ese país “desaparecieron” al presidente y principales autoridades por días. Ese absurdo ataque terrorista, no dio el resultado que esperaban sus autores. EE.UU. y la mayoría de los países del mundo comenzaron una lucha, para destruir los movimientos violentos en distintas partes del planeta.

El terrorismo causa horror en muchas personas, pero también provoca resistencia a rendirse ante quien lo utiliza. Por eso los verdaderos revolucionarios lo rechazan como un instrumento para el cambio social. Especialmente, cuando se realizan en sitios que no tienen nada que ver con el poder que se quiere combatir. La muerte de civiles inocentes indignan a cualquier pueblo, no importa que digan que la causa es para beneficiar al país. Los que amamos la Democracia, debemos luchar por una cultura de paz que evite estos inútiles derramamientos de sangre.

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