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Más allá del uniforme

Por: Por: Roberto Ballesteros A. -

En mi recorrido como jefe de Prensa de las fuerzas aéreas, navales, fronterizas y policiales de Panamá, puedo decir con absoluta convicción que dentro de nuestros estamentos de Seguridad Pública existen auténticos héroes anónimos que sin dudarlo darían su propia vida por defender con alta moral a su nación.

Hombres y mujeres que luego de su juramento ante Dios y la Patria, dejan su casa y su familia para salvaguardar la vida y honra de la población.

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Uno de esos hombres de uniforme lo fue el comisionado Oliver Martiz Aguirre, egresado con honores de la Escuela Naval Almirante Padilla de la hermana Rep. de Colombia, en la Especialidad de Infantería de Marina, y quien ocupara el cargo de director nacional de Inteligencia, Infantería de Marina y Mantenimiento Naval, del Servicio Nacional Aeronaval (Senan), entre otros.

Un ser humano, con profundos principios y valores, gracias a la formación de sus padres, Efraín Martiz Chanis y Lidia Elena Aguirre de Martiz, lo cual definió su conducta intachable, honesta, responsable y prístina durante su vida personal y profesional, honrando así a su familia.

Oliver Martiz, más allá del uniforme, era un ser humano revestido de nobleza, sabiduría, sensibilidad y amistad pura.

Hoy, luego de haber servido con estoicismo e hidalguía a su país, ante el llamado de nuestro Dios Todopoderoso, no tengo duda de que ha pasado a formar parte de las filas de su ejército celestial.

Tuve la dicha y el privilegio de ser su amigo y de comprender gracias a él que un uniformado no es solo doctrina, valor y disciplina, sino también bondad y humildad, que es esa mano amiga siempre dispuesta a servir, sin esperar reconocimiento.

Luego de esta reflexión, al iniciar la Semana Santa, es oportuno preguntarnos qué hemos hecho nosotros por Panamá, por el más vulnerable, o por aquel que necesita una palabra de aliento o de esperanza.

Este escrito es un tributo a un ser humano que mientras estuvo entre nosotros siempre dio lo mejor sí, sin egoísmo, sin restricciones ni condiciones y sin esperar nada a cambio, más que la amistad. “Buen viento, buena mar”, hermano de mi alma, algún día volveremos a encontrarnos.

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