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¿Odias?

Por: -

Claudio de Castro

Escritor

¿Has odiado? ¿Tienes alguna persona a la que no has podido perdonar y buscas hacerle mal?

¿Estás pensando salir esta noche a robar? ¿Estás deseando en tu vida otra persona que no es tu esposo o tu esposa?

Esta mañana me pregunté: "Qué pasaría si en este instante, en el mundo entero, todos se decidieran a cumplir los 10 mandamientos de Dios".

Todos… los jueces, políticos, ladrones, asesinos, los señores de la guerra, los estafadores… los ejecutivos, los indiferentes, los que viven su fe tibiamente sin atreverse a seguir el Evangelio en su radicalidad. Nosotros. Tú y yo.

La respuesta que encontré es una sola: "Tendríamos paz".

Nos daríamos cuenta de algo importantísimo que durante años se nos enseñó, pero quedó relegado en nuestra conciencia como un secreto a voces que se transmitía de generación en generación, en voz baja, apenas audible: "Somos hermanos".

Tú, que lees esto, eres mi hermano. Dios así lo ha querido. Todos en este mundo son mis hermanos. Y a todos los debo amar.

¿No tienes suficiente amor para amar al que está a tu lado? Pídele a Dios y él te lo dará.

¿No puedes perdonar? Pide la gracia y se te dará.

"Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá". (Mt 7.7).

No temas pedir cosas buenas para ti y para los demás.

He recordado a este buen sacerdote que en una homilía nos habló de este tema.

"Si todos cumplieran los mandatos de Dios, podrías salir a cualquier hora sin temor a ser asaltado, dejaríamos abiertas las puertas de nuestra casa, confiaríamos en los demás. Seríamos felices porque la gracia de Dios estaría con nosotros".

Las matemáticas de la fe son curiosas. Basta uno que se decida e inspire a los demás para que la llama del amor se esparza exponencialmente y encienda este mundo cansado.

Dios que es amor nos pide amar.

No veríamos más fotos desgarradoras de refugiados, ni guerras, ni ciudades desbastadas, ni gente despiadada armada por las calles, ni ejércitos, ni cárceles abarrotadas.

El mundo se ha detenido en una encrucijada. Necesita hoy, ahora, personas que se decidan por Dios y amen la verdad, que se reconozcan como hijos del Dios altísimo y vivan el Evangelio en toda su radicalidad. Amar, compartir, perdonar, darnos a los demás.

Necesitamos amar, con un amor puro y verdadero.

Ese amor que te llena el alma de una ternura infinita, indescriptible.

Urgen héroes que nos devuelvan la esperanza.

Esta es la hora de los valientes.

¿Te animas a ser tú?

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