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Padre llora la muerte de su hijo

Por: -

Rómulo Emiliani

Monseñor

Monseñor Emiliani, soy un padre de familia que sufre mucho. No he podido sobreponerme a la muerte de mi hijo ocurrida hace dos años. Aunque no estaba tatuado andaba con una mara y fue asesinado por muchachos de otra pandilla. Yo, por razones económicas, estuve dos veces en los Estados Unidos "mojado" o sea ilegalmente. Creo que por mi culpa, por estar yo fuera de casa mucho tiempo, él andaba con esas malas compañías. Hoy tendría 19 años. Tengo mi esposa y dos hijos y también otra hija de una anterior unión. Todo lo que hice fuera del país fue por mi familia, por mis hijos, aunque no me fue muy bien.

Estimado señor. [i]Tengo un gran dolor ante la muerte absurda de tantos jóvenes en nuestra patria. Cada día aumenta el número de muchachos y muchachas asesinados. Quiero decirle algo que puede dar sentido a su dolor y le permitirá asimilarlo: su hijo está en camino a la Resurrección plena y desde allí él está intercediendo por usted y su familia. Nuestro Dios es misericordioso y Él tiene un amor puro, pleno, incondicional por sus hijos y maneras paternales y compasivas de acoger a los que se desviaron del camino. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, se hizo infinita su misericordia. Tenga siempre fe en el amor infinito de Dios.[/i]

Por otro lado, usted se fue a Estados Unidos para ayudar a su familia y volvió a su casa. Ha sido un hombre preocupado por el bienestar de sus hijos. Se siente culpable de los pasos equivocados que dio su hijo. Claro, usted como padre es responsable de la educación de sus hijos y una ausencia prolongada pudo ejercer un efecto negativo. Pero hay otros muchos factores que intervienen en la conducta de un joven. Este mundo tan lleno de tentaciones, oscuridad, diversiones malsanas, mensajes que distorsionan los valores, desorientan a muchos jóvenes.

Usted como muchos otros se fue del país porque quería conseguir dinero para su familia. Usted ama a su familia y así, estoy seguro, ese muchacho lo entendió. Su dolor prueba que usted quiere de verdad a sus hijos. No es bueno que se esté culpando tanto.

Más bien, dedíquese todo lo que pueda a su esposa e hijos que están vivos, incluyendo a la hija de su anterior unión. Además vea qué puede hacer usted para ayudar a los jóvenes en crisis, ya que todos tenemos que ver cómo cooperamos para recuperar a tantos muchachos que andan desorientados en la vida. Ellos, los jóvenes, toman decisiones equivocadas porque en los momentos críticos no han tenido una iluminación y en eso todos tenemos algo que ver. Padres de familia, maestros, evangelizadores, que quizá no dimos la enseñanza adecuada en el momento oportuno.

Pero mire, a veces, aunque los papás y responsables de la educación de los muchachos, hayan hecho lo imposible por ayudarlos, el ambiente tan cargado de inmoralidad, agresividad, consumismo, relativismo, irrespeto a lo sagrado, influye mucho en los adolescentes y jóvenes. Los medios de comunicación con sus ofertas tan atrayentes de placeres, formas de vivir ilusorias, con una gran carga de superficialidad, donde lo instintivo y la vanidad imperan, aturden a muchos jóvenes. Amistades negativas irrumpen en la vida de esos jóvenes y los desorientan.

Le aconsejo que ingrese a una comunidad de su Iglesia. Participe en las actividades religiosas y aumente su crecimiento espiritual. Como cristiano viva más intensamente la gran buena nueva: la Resurrección de Cristo como misterio de fe que da sentido a nuestra vida y mueve nuestra esperanza. No guarde rencor por los asesinos de su hijo, más bien pida por ellos. A usted le quedan muchos años de vida, si Dios quiere, y debe vivirlos en el amor y entrega a su próximo. Le pido ore por la causa que tengo entre manos: la fundación de un centro de rehabilitación de jóvenes expandilleros. Ese es mi gran sueño. Tenemos que hacer algo por esos muchachos a los que nadie quiere y ven como "leprosos". Yo creo que muchos pueden cambiar, arrodillarse ante Dios y vivir unas existencias nuevas. Creo en el poder de Dios y recuerde que con Cristo venceremos, porque con El somos invencibles.

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