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Pronto llega el final

Por: José Raúl Mulino Q. / Exministro de Seguridad Pública -

Cuando tomé la decisión de escribir me habían quitado mi libertad. Fue la única manera viable de defenderme de la cantidad de basura y mentiras que el periódico del gobierno difundía junto a los análisis de personas repulsivas cuyas voces con el tiempo muchas se han extinguido porque mostraron lo basura que también eran. Por años he escrito, pero estos tiempos han sido especiales porque conllevaron mi voz de protesta y denuncia contra lo que fueron estos años de Varela a quien pronto la historia terminará de ubicarlo en el sitial poco honroso que solito se ganó. Quizás dije lo que muchos querían decir. Mis cartas desde la cárcel pronto verán la luz a manera de recopilación para que queden allí mis explicaciones de tantas vivencias y atropellos en función de una supuesta justicia torcida y enferma producto de mentes de igual índole.

En esos tiempos, faltaban tres años y medio de Varela. Interminables. Se sentía su poder y el temor de enfrentarlo desde la cárcel me preocupaba, pero desnudarlo como persona y político lo sentía mi deber, y lo hice, al tiempo que iban acabando dentro de mí muchas facetas de mi vida que se fueron y que fue la fuerza de mi esposa, hijos y amigos de verdad han hecho que, sin restablecerlas porque es imposible, hicieran más fácil el volver a empezar, y a que costo. Pero era mi fortaleza al mismo tiempo porque él sabe bien que se ensañó contra mí, inducido por su ministro, con el apoyo de varios inolvidables serviles para salirse de una historia que tejió al detalle y que por cobardía jamás enfrentó apoyado por un Ministerio Público y una fiscal que pronto rendirán cuentas. Advertí lo extemporáneo de mi indagatoria, el doble juzgamiento y sobreseimiento definitivo del que gozo desde 2013 sobre lo mismo. Mis derechos eran inexistentes y esa fiscal lo sabe. Hizo lo que le dio la gana pensándose eterna. Ya me comienzan a llegar las versiones de actores forzados que tuvieron que mentir para salvar su cargo y evitar represalias. Pero aquí estoy, al pie del cañón, mientras a él y a ellas le cantan La Retirada y no precisamente la de Daniel Santos, sino tonadas tristes de una misa de requiem.

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Pero pasaron los años y con ellos llegamos al final de una época tormentosa, llena de incertidumbre y de incógnitas. La persecución se volvió deporte para algunos, pero la noticia criminis era impensable para los del varelato. A quién le iba a tocar la cárcel en cualquier momento de manera "preventiva", selectiva y burda, de seguro a los que somos CD, y a más nadie. Las confesiones en Odebretch un mal chiste, por ahora. Las leyes se aplicaron al antojo de pocos que fraguaron todo, aunque la letra y el espíritu universal de las mismas resultó tema para académicos del derecho que afortunadamente siempre han opinado. En todos estos años ha habido maldad, júbilo al concretarla, informaciones tendenciosas, mentirosas, llenas de toda suerte de adjetivos, menos centradas en la verdad. Sus actores pululan y hoy critican como si nada hubieran hecho en estos años de linchamientos. El defenderse ante los tribunales para ellos y sus medios era casi una afrenta, éramos culpables porque a ellos así se le antojaba. Y el juez que osaba fallar en derecho lo cuestionaban, ofendían, linchaban en editoriales de ignominia y en noticias elaboradas casualmente cuando un fallo les era adverso a sus enfermizas manifestaciones de odio periodístico. Decidieron hacer un simulacro de justicia en vez de investigar en derecho, cosa que nadie nunca rehusó. El que quiera olvidar que lo haga, ese es su derecho. Pero yo ni olvido ni perdono, ese también es mi derecho.

Se abren caminos de esperanza y siento que de optimismo. Un nuevo gobierno asumirá pronto y el optimismo que se siente va en proporción directa al deseo de mejoría integral, de respeto al Estado de Derecho, a la enmienda de errores y a dirigir el país por senderos que Varela y sus ineptos jamás entendieron por vivir centrados en su venganza acabándolo todo. No me anima dar consejos que se interpreten como oportunismo, pero si se usa ese optimismo que el cambio de gobierno genera que sea para construir a partir de allí nuevos senderos de bienestar y esperanza. Cualquier cosa es mejor que Varela, y espero no equivocarme. Del resto, nos encargaremos con la ley no manipulada en la mano.

Mientras, ¡el reloj sigue su marcha y cada día que pasa es uno menos de todos ellos allá!

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