Propiedad y uso

Por: Ana Muñoz Álvarez Periodista -

El derecho a la propiedad debe ser considerado como un derecho fundamental de la persona. Los derechos de propiedad están íntimamente ligados a otros derechos humanos, fundamentales para el desarrollo de la persona y de las comunidades.

Más de la mitad de la población mundial vive en países carentes de leyes eficaces que protejan las viviendas y otras posesiones de las personas. Así, millones de personas no solo viven sumidas en la más absoluta pobreza, también conviven con el miedo a ser desahuciadas y expulsadas de sus tierras y de sus casas.

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La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 17, dice que "toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente". Sin embargo, este artículo se vulnera constantemente.

Aunque el derecho a la propiedad sea uno de los conceptos más arraigados dentro de la sociedad europea y occidental, no es menos cierto que la "propiedad" es un valor ajeno a muchos pueblos indígenas y aborígenes de África y América. En estas comunidades, el hombre no es dueño de la Tierra, es una criatura más que habita en el planeta. No tienen ningún derecho más que el resto de los seres que la habitan.

Uno de los extremos más dramáticos del derecho a la propiedad es el que se refiere a las patentes. Hoy se da la paradoja, por ejemplo, de que los indígenas no pueden utilizar determinadas plantas para "su" medicina tradicional, utilizada desde tiempos inmemoriales, porque alguna gran empresa farmacéutica ha patentado el principio activo de esa planta para elaborar medicamentos, que se venderán a precio de oro.

El gran pensador Raimon Paniker defendió que los derechos humanos no son universales. Hay muchas formas de entender el mundo, la relación entre los hombres y de estos con la naturaleza. La manera de Occidente es una de ellas, pero no la única.