Block title
Block content
Block title
Block content

Rehacer la vida

Por: -

Rómulo Emiliani

Monseñor

Estimado monseñor Emiliani. Le cuento que soy una enfermera de 40 años, divorciada desde hace cuatro años. Estoy muy frustrada en lo sentimental. Quien fue mi marido me hizo vivir un infierno con sus malos tratos, celos y egoísmos. Mi vida no ha sido fácil. Amo mi profesión y acepto los turnos nocturnos cuando me tocan. No le tengo miedo al trabajo y trato lo mejor posible a los pacientes. Soy consciente que ellos son un "Cristo sufriente" y tratándolos bien a ellos bendigo y alabo a Dios. Tengo tres hijos, el mayor es un adolescente con el que tengo problemas. Yo no lo comprendo en sus cosas. Mi marido, con quien estuve casada solamente por lo civil, le decía cuando niño que "los hombres no lloraban", y que ser hombre significaba "tener mujeres y hasta pegarles" para que hicieran caso. Tonterías tras tonterías decía este señor, sobre todo cuando andaba tomado. Doy gracias a Dios que se fue de la casa. Varias veces me pegó porque me celaba con hombres del hospital. Nunca le falté. Ahora bien, quiero rehacer mi vida. Tengo deseo de una buena compañía que ayude a sacar mis hijos adelante. Sobre todo quiero una persona que me quiera de verdad, que me respete, que me valore.

En el hospital hay un médico que está detrás de mí. Yo no le hago mucho caso, ya que conozco su trayectoria de mujeriego. Pero me ha prometido de todo con tal de casarme con él. Ya está divorciándose de su esposa, no por mi, sino porque ella ya sabe de su vida y no le aguanta más. Pero dice que en mi caso es diferente. Yo no le creo mucho. Mi mamá dice que piense en el futuro de mis hijos, ya que él tiene buena posición económica. En esto mi mamá no creo que actúe bien.

Por otro lado hay un hombre que tiene unos tres años menos que yo, es mecánico de profesión, que ha tenido sus novias en el pasado pero es soltero y que me pretende. Me conoció cuando me tocó atender a su madre en el hospital y su familia me contrató para atenderla en su casa un breve tiempo de convalecencia. Es un muchacho bueno, alegre, optimista, no toma ni anda en drogas. Mi mamá dice que ni se me ocurra meterme con él. Es verdad que anda muchas veces lleno de grasa en sus manos y ropa, pero por lo que sé es bien responsable en su trabajo. Es persona honesta y vive con su madre. Me está gustando bastante aunque no se lo demuestro. Algunas veces ha venido a la casa con una hermana y ha congeniado bien con mi hijo el mayor. ¿Qué le parece?

Pues estimada enfermera, me parece bien que mantenga esa relación con el que es mecánico, con prudencia, sin prisas, conociéndolo mejor a él y a su familia. La mamá suya tiene derecho a sugerir y aconsejar, pero creo está equivocada en cuanto a lo del médico. Mujeriego, que se está divorciando ahora y que no sabemos cuál será su conducta en el futuro, es un riesgo que no debe asumir usted. Lo más probable, seguirá siendo igual. El motivo que le dice su madre es extremadamente frágil, primero porque tener plata no dará felicidad ni estabilidad al hogar por sí mismo y segundo, si usted no lo quiere ahora, menos lo amará después. Usted no puede casarse con nadie que no ame.

El futuro de sus hijos está en Dios y en usted como su madre, y si aparece un buen hombre, pues bienvenido, pero eso sí, una persona que usted ame y que haga el bien a su familia. Este mecánico, por lo que usted dice, reúne las características adecuadas. Mire cómo está conectando positivamente con su hijo mayor. Ojalá sea una persona religiosa ese señor. Pero repito, no hay prisas. Equivocarse dos veces sería muy traumatizante. Asegúrese de los sentimientos de él y mire si en verdad él está dispuesto a aceptarla a usted con sus tres hijos.

Me alegro de que tenga usted esa visión cristiana profunda por la que ve a Jesús en los enfermos. Realmente tratándolos bien a ellos, rinde homenaje al Señor y será recibida en el Cielo. Su profesión es realmente maravillosa, ya que allí está usted todos los días sirviendo a la gente en su dolor. Le pido conserve su amor por los que sufren y llénese del Señor, quien es el único que podrá llegar a lo más profundo de su vida y hacer de usted una persona feliz. Recuerde que Dios la ama y que con El usted es invencible.

Block title
Block content
Block title
Block content