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Sectas y falsos profetas

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Hace dos mil años, Jesucristo nos advirtió sobre la amenaza que representan los extremismos religiosos, quienes argumentando ser representantes de Dios engañarán a la gente y los descarrila del buen camino. “Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conoceréis”, dice el Evangelio en Mateo 7:15-20.

En todas las grandes religiones existen individuos que se autodefinen los “elegidos” o “iluminados” por la providencia. Se separan de su congregación original, llevando a un grupo de incautos hacia el matadero espiritual y físico. Esos son los falsos profetas. No es algo nuevo, pero cabe estar precavidos luego de lo ocurrido en la comarca Ngöbe Buglé.

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Nombres infames hay muchos. Destacan entre ellos Jim Jones, un protestante extremista, culpable de la peor masacre colectiva religiosa, ocurrida en Guyana, el 18 de noviembre de 1978. Unas 917 personas se suicidaron, incluyendo 300 niños muertos a manos de sus familiares. Jones creó una atmósfera de miedo en sus seguidores y dijo que el Apocalipsis se acercaba.

Otro falso profeta fue David Koresh, quien fundó la secta davidiana en Waco, Texas (EE.UU.). Decía tener dotes divinos y fue acusado por abuso sexual. El 19 de abril de 1993 falleció junto con sus seguidores en el complejo “Monte Carmelo”, durante una redada de las autoridades federales estadounidenses. En total, murieron 86 personas en el asedio, 17 niños entre ellos.

Tampoco nos olvidemos de Abu Bark Al-Bagdadi, clérigo islámico que estableció en Mosul el “Estado Islámico de Siria e Irak” (ISIS). Argumentaba ser el profeta iluminado por Mahoma y se proclamó “califa”. De 2014 hasta 2019 esclavizó a 1.4 millones de personas, obligándolas a convertirse al radicalismo religioso. Miles fueron ejecutados públicamente. Al final, fue abatido por tropas de EE.UU.

La sombra del extremismo religioso ahora cubre a Panamá, luego de conocerse la masacre de Alto Terrón, en la comarca Ngöbe Buglé. Unas 7 personas, incluyendo seis menores de edad y una mujer embarazada, fueron asesinadas tras crueles torturas a manos de un supuesto pastor de la “Iglesia Nueva Luz del Mundo”.

La proliferación de congregaciones religiosas radicales en las zonas apartadas del país merece la atención pública, puesto que se aprovechan de las necesidades de las comunidades de escasos recursos. Es hora que las autoridades tomen medidas severas, antes que vuelva a repetirse otra matanza como en la comarca. Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigas y amigos...

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