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Viven de los frutos de la tierra

Por: Pablo Castillo Miranda La Voz Del Interior -

Habitantes de áreas remotas del distrito de Capira, algunos autóctonos de esta hermosa tierra, otros que emigraron de diferentes puntos del Istmo panameño, cuentan con un potencial tangible al poseer un pedazo de terreno.

Ellos cultivan sus tierras en principio de manera empírica, produciendo diversidad de productos comestibles y necesarios para cubrir una dieta balanceada.

Tal es el caso de Domisín Vega, residente en el sector de La Filipina, corregimiento de El Lídice, distrito de Capira, quien cultiva tubérculos como yuca, ñame diamante y baboso, otoe, zapallo y granos como el maíz, con la garantía de que él mismo sale a comercializarlos en Capira centro, donde sus clientes compran estos productos a un precio mucho menor que el de supermercados y tiendas.

"Nosotros vendemos a precios más bajos que ellos (las tiendas y supermercados), y a la gente le gusta porque es producto fresco, de calidad y muy barato; por ejemplo, la yuca la vendo a 3 libras por un dólar, el ñame diamante a dólar porque lo compré para revender y el otoe a 65 centavos la libra", dijo.

En tanto, Amada Rodríguez vive en El Cacao, corregimiento montañoso cuyas tierras negras son muy cultivables y productivas, ella nos contó que sobre todo siembra hortalizas y culantro, guineo cuadrado o chino, además de chayote, entre otros rubros.

Para ella, la actividad es una fuente de ingresos con la cual ayuda al sustento de su familia, y el margen de ganancia es bueno porque trae la producción directamente al mercado público de Capira, donde lo vende todo.

Caso similar es el de Benjamín Domínguez, quien junto a su esposa tienen en su propiedad, ubicada en Caimito de Capira, unas parcelas de maíz, las que siembra con una semana de diferencia con el propósito de cosechar por partes y no simultáneamente para sacarle un mejor provecho.

En cada parcela planta dos libras de semilla de maíz, mismas que producen unas 2,500 mazorcas.

"Nosotros las procesamos cuando están tiernas para hacer bollos y masa natural, sin mezclarla, para vender en las casas de La Chorrera y en Capira ", asegura.

Una de las parcelas tiene una dimensión de casi 5,000 metros cuadrados, y ya la cosechó, pero dejó en pie entre parcelas plantas del maíz ya cosechado para sembrar pepino a su rededor y que este pueda enredarse en ellas.

La forma de cultivar el producto de Domínguez y todos los demás agricultores es de forma empírica, ayudados únicamente por la madre Tierra, cuya fertilidad en estos lares es de un alto porcentaje de nutrientes y acidez propicia para todo cultivo.

Sin embargo, el entusiasta autogestor relató que los técnicos del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) se acercaron para ofrecerle asistencia técnica cuando vieron el hermoso verdor de sus parcelas de maíz.

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