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Persecuciones que crean liderazgo

Por Ricardo Martinelli

En la antigua Atenas, las hetairas eran mujeres bonitas, educadas que eran acompañantes de ciudadanos importantes, y a su vez eran sus confidentes, asesoras, compañeras sexuales y generalmente se terminaban casando con su patrocinador. En Japón, con el mismo concepto, pero sin tanta relación sentimental, estaban las geishas, para lo cual había que ir  a escuelas especiales a aprender a cantar y hasta tocar el arpa. En nuestros países no tenemos a estas personas, pero sí hay una cantidad significativa de individuos que rodean a los políticos, a quienes cariñosamente les apodan los manzanillos.

De estos hay distintas clases, pero todos, además de acompañar, recomendar o asesorar, adulan y también se convierten en testaferros, cepillos, amanuenses, o, como generalmente se les ve, unos bultos, siendo en su mayoría hombres, no mujeres.

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Si vemos más a fondo, veremos que hay gente que siempre se identifica con un personaje en especial, y estos les sirven en diferentes funciones, sean asistentes, secretarios privados, asesores, adjuntos, etc. Sucede muy a menudo que vemos a los diputados que siempre andan con su séquito de estos oscuros personajes que sirven a este propósito.

En épocas pasadas, se contrataba a personas que fueran a llorar a los entierros, a quienes llamaban "lloronas" o plañideras. Hay quienes contratan para ir a manifestaciones, escribir en las redes sociales, aplaudir en los “shows” de radio o televisión, para que griten o protesten en diversos lugares, como la Asamblea, reuniones, o que vayan a cerrar calles, saquear, romper huelgas, tirar piedras, provocar, etcétera. En fin, hay gente para alquilar para hacer, decir o ejecutar todo lo que se desee.

Lo que sí no hay en venta son los liderazgos para que un ser o partido, de forma voluntaria, asista a participar en un evento sin pagarle nada a cambio. Esto solo se logra con líderes y con base en trayectorias que demuestran se hizo un trabajo por y para la mayoría. Es por eso que cuando se persigue políticamente a otros, hay que tener extremo cuidado porque el abuso trae consigo la materialización y esta se traduce en liderazgo, que es lo que requieren nuestros países. Estos se crean en la adversidad cuando el sistema y los políticos abusan y violan la ley con el solo hecho de acabar con otros cuando, en realidad, lo que hacen es crear una nueva figura, o si no lo creen, pregúntele o vean lo que le pasó a gente como Arnulfo Arias, Chávez, Fidel Castro, Lula, Berlusconi, Uribe, Mandela, Torrijos, Mujica, Velasco Ibarra y muchos más.

A veces, o mejor dicho casi siempre, los líderes los crean quienes precisamente los querían acabar, por la miopía y el odio que les tienen  a otros, pero el pueblo que no es bobo lo ve y entiende, castigando al opresor y dándole el beneficio de la duda al oprimido. La venganza y el resentimiento causados por este odio y persecución le hacen el favor  a unos y perjudican a otros, que ambos, al ponérsele el motete correspondiente, es imposible quitárselos: perseguidor o perseguido.

Los gobernantes en el ocaso de su mandato cometen estos errores, pero a  menudo, contrario cuando están en el prólogo del mismo, restos quedan en epílogo, al no saber entender que en la vida es mejor no crear tempestades ni odios o resentimientos, pero sobre todo no crear liderazgos gratuitos por odio que después serán imposibles de contener y menos anular.

“Untermenschen” significa subhumano en alemán y era el término usado por los nazis para describir cierto tipo de nacionalidades de grupos raciales no deseables a ellos, que querían liquidar y de esta forma sus soldados no se sentían que habían matado a un ser humano, ya que estos a su entender no lo eran. Esto sucedió en el frente ruso, donde por años desde la época zarista había un concepto de siervos el cual fue abolido y suplantado  por una semiesclavitud con el comunismo de Stalin.

La miseria humana de un individuo se refleja en las cárceles y los hospitales. Muchas amistades e inclusive familiares se olvidaban de una persona e inclusive se llegan a ver las formas más despreciables de menosprecio, más en una cárcel que en un hospital, pero en ambas hay un elemento catalizador que es el tiempo. Este se convierte en una fortaleza y lo que empieza como una debilidad, crea por la necesidad personalidades y liderazgos antes no pensados. Hay más tiempo de ver y reflexionar sobre las bondades de la vida y los elementos que hacen y forjan una sociedad moderna.

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